Los bandidos de Hobsbawm
Ángel trejo
En su libro Bandidos, el historiador británico Eric J. Hobsbawm aborda uno de los temas más interesantes de la vida cotidiana mundial, especialmente, ahora que se avecina un periodo de grandes y graves contradicciones en la mayoría de las sociedades nacionales del orbe: ¿cuál es la evaluación moral, cívica o política que merece un bandido, es decir, un transgresor de leyes o bandos, característica de la que, precisamente, deviene el nombre que se da a este tipo de personaje? La respuesta de Hobsbawm, considerado intelectual de izquierda en su natal Inglaterra, es contundente: sea cual sea su índole y grado de transgresión, es primariamente un hombre que se rebela contra el orden legal establecido y que reclama libertad y derechos no reconocidos. Ésta es la razón por la que muchos bandidos de antaño y hogaño se convierten en hombres famosos, temidos y aun amados, especialmente cuando sus actividades públicas derivan en acciones generosas hacia sus comunidades. Inconscientemente, adquieren valor simbólico para sus congéneres como representantes de la rebeldía popular no organizada y, en casos excepcionales, llegan a integrarse a movimientos políticos de contenido clasista, como ocurrió con nuestro Pancho Villa en la revolución antifeudal de México a principios del siglo XX. En su tratado, Hobsbawm recuerda que los bandidos proliferan en regímenes de extrema explotación de trabajadores y enriquecimiento ilimitado de las oligarquías; que su valor emblemático siempre ha sido muy atractivo para los escritores (Las mil y una noches, Cervantes, Tirso de Molina, Schiller, Goethe, Nietzsche, Jalil Gibrán, etc.) y que su presencia es infaltable en procesos históricos previos a las revoluciones sociales. Hobsbawm incluye un análisis de famosos bandidos del siglo XIX en algunos países de Europa, Asia y América -los haiduks o duques de Turquía, Grecia, Serbia y Macedonia; los cangaceiros de Brasil (Lampiao, Prestes, Cicerón y Juazeiro); Luis Pardo de Perú, Martín Fierro de Argentina; José María Hinojosa El Tempranillo, de España; los plateados de México- y enumera nueve causas que hacen posible la existencia de los llamados bandidos nobles o generosos: son víctimas de una injusticia; corrigen abusos de autoridad; roban al rico para dar al pobre; sólo matan en defensa propia o por venganza; si sobreviven, se incorporan al pueblo; tienen el apoyo de éste; mueren o son capturados por traición; son mujeriegos, invisibles e invulnerables y tienen como enemigos a personajes importantes de la oligarquía (nobles, clérigos o ricos), pero no a autoridades máximas de su países (reyes, jefes de estado, gobernadores, etc.).
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