Solidaridad con Evo, solidaridad con Bolivia
Azucena del Campo

Ya en otras ocasiones he manifestado mi solidaridad con la lucha del pueblo boliviano. No he cambiado de opinión. Se trata de uno de los pueblos más pobres del continente americano y del mundo entero, y su lucha por rescatar sus recursos naturales y por conquistar un reparto más justo de la riqueza social debiera recibir el apoyo de la humanidad entera. Pero no nos hagamos ilusiones, ni las sembremos en nuestros posibles lectores; ninguna lucha popular de liberación puede concitar la unanimidad porque entre los seres humanos existe la división en clases sociales, y el hecho de que unos vivan en la pobreza y hasta en la miseria es la explicación de que otros, muy pocos, vivan en la abundancia y en la opulencia. Existen pobres porque existen ricos, ésa es la cruda realidad.

Bolivia no podía ser la excepción. La lucha de los indios, de los pobres andinos, perjudica gravemente los inmensos intereses de los potentados de Bolivia, que durante toda la historia de ese sufrido país se han hartado de riquezas y no consideran que haya llegado la hora de detenerse. El presidente Evo Morales, como cabeza de los esfuerzos justicieros de Bolivia, se ha encontrado con la cerrada resistencia de los ricachos que dominan los departamentos de Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija, que juntos producen el 65 por ciento del PIB del país y que han anunciado la realización de referendos autonómicos, votaciones ciudadanas en las que ellos van a ser juez y parte para, supuestamente, decidir una mayor autonomía, es decir, para darse a sí mismos autorización y quedarse con las utilidades que arroja la explotación de los recursos naturales (principalmente gas), que tiene Bolivia y que se localizan en los departamentos que ellos gobiernan (o sea que no es Constanzo de la Vega Membrillo, presidente municipal de Texcoco, el único gobernante al que se le ha ocurrido esgrimir una consulta popular amañada para imponer su capricho).

El domingo 4 de mayo, cuando aparezcan publicadas estas líneas, deberá realizarse, según lo anunciado, el falso plebiscito en el Departamento de Santa Cruz, la región más rica de Bolivia, gobernado por el siniestro Rubén Costas. En realidad, las pretendidas consultas autonómicas y la mayor independencia que los señores del dinero en Bolivia se proponen ejercer, de facto, tienen el propósito de sentar las bases para un posible desmembramiento del país. Pienso que esperan la evolución de los acontecimientos: o cede en sus pretensiones justicieras el gobierno central o se derrumba o, en todo caso, pierde las próximas elecciones, o se lleva a cabo, irremediablemente, la preparada secesión de las regiones controladas por la oligarquía boliviana. Y para todo eso, los poderosos de Bolivia cuentan con el beneplácito de Washington. En este sentido, debe ponerse atención a las declaraciones del ministro boliviano del Interior, Alfredo Rada, quien denunció, apenas, que el Embajador estadounidense en La Paz, Philip Goldberg, “ha desarrollado una agenda política antes que diplomática en Bolivia y esa agenda, a su vez, está vinculada con opositores cívicos-prefecturales al gobierno actual”.

No omito señalar, finalmente, que la Organización de Estados Americanos, la OEA, ese instrumento del imperialismo para someter a los países de América, anda metiendo sus narices en el conflicto. No creo que Evo Morales, su gobierno y sus partidarios deban confiarse. No tengo ninguna referencia de que la OEA haya apoyado una causa justa desde que fue fundada y sí existen numerosos antecedentes de actitudes felonas en perjuicio de las luchas de los pueblos. Si la OEA anda por ahí, será porque pretende apoyar furtivamente a los oligarcas bolivianos, no a los indios y desarrapados que se mueren de hambre.

 


 

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