El precio del arroz y la improductividad agrícola
Abel Pérez Zamorano
El 17 de abril los precios de futuros del arroz registraron un incremento récord. El precio mundial ha aumentado 74 por ciento en un año; también el trigo (130 por ciento), la soya (87 por ciento), y el maíz (53 por ciento). En abril de 2007, en la bolsa de Chicago, la tonelada de arroz se cotizaba en 264 dólares; hoy llega a 504, y para julio, a 515. Igual comportamiento se observa en México: en los últimos tres meses el precio del kilogramo de arroz aumentó en un 60 por ciento, y en el año transcurrido se duplicó. Se avecinan, pues, días aún más duros en la vida de los sectores más pobres de nuestra sociedad.
La tendencia alcista en los precios de los granos tiene su causa en ciertos factores clave. El nivel récord alcanzado por los precios del petróleo (120 dólares el barril), que determinan los de combustibles para la maquinaria agrícola, transporte de insumos y cosechas y algunos procesos agroindustriales. Según la FAO, en su informe Perspectivas de Cosechas y Situación Alimentaria, en el ciclo 2006-2007 los costos de los combustibles aumentaron en un 37, y al siguiente ciclo, en 56 por ciento (Agencia Xinhua, 11 de abril).
Por otra parte, la producción de etanol, estimulada por los altos precios del petróleo, demanda volúmenes crecientes de granos que son sustraídos a la oferta de alimentos, provocando escasez. Asimismo, viene ocurriendo un efecto de sustitución en el uso de la tierra, tendiéndose a sembrar maíz para etanol en lugar de otros granos alimenticios, como el arroz. Entre el año 2000 y 2004, en India y China la superficie con arroz se redujo en 1.3 y 1.1 por ciento, respectivamente; en China esto representó 2.4 millones de hectáreas. Asociado a lo anterior, se reducen las reservas mundiales de granos. “…al cierre de los ciclos productivos que terminan en 2008, descenderán unos 420 millones de toneladas, cerca de 2 por ciento debajo del nivel de su apertura el cual ya era bajo y el menor desde 1983, según la FAO. (Ibíd.). Los inventarios de arroz en los Estados Unidos están en su nivel más bajo. “También se prevé una reducida cosecha en Estados Unidos, principalmente como resultado de las reducciones de superficie arrocera provocadas por la creciente competencia de cultivos más rentables” (Ibíd). Se impone, pues, el criterio de emplear la tierra en la actividad más rentable.
En Asia, cinco países producen 73 por ciento del arroz mundial, destacando China e India con el 46 por ciento de la superficie cultivada y el 50.5 por ciento de la producción. Pues bien, ante la escasez, esos países y otros como Vietnam, Indonesia, Egipto, y recientemente Brasil, están protegiendo sus mercados reduciendo exportaciones de arroz, para lo cual aplican impuestos a las exportaciones e implantan cuotas para restringir las ventas al exterior, aumentando la escasez mundial y subiendo aún más los precios. El director de la FAO declaró hace poco que “… los precios de los alimentos han aumentado un 45 por ciento en los últimos nueve meses y hay una grave escasez de arroz, trigo y maíz y las reservas están en niveles históricamente muy bajos… El arroz fue el que más subió tras la imposición de nuevas restricciones a la exportación por los principales países productores” (Ibíd.).
Pero no nos engañemos. Los vaivenes del comercio internacional no son la causa de fondo del desabasto de arroz: sólo hacen patentes las circunstancias de índole estructural que son las verdaderas determinantes. En la raíz de esta crisis está nuestra gran vulnerabilidad ante el mercado mundial, nuestra dependencia de las importaciones. México hace 15 años dejó de ser autosuficiente en arroz: el 70 por ciento del consumo se cubre con importaciones de los Estados Unidos, y el 30 por ciento restante con producción nacional. Esta dependencia se debe a que, desde antes, y con más fuerza después de la apertura comercial, estamos importando cada vez más alimentos, pues son más baratos, y aunque, ciertamente, los subsidios juegan su papel, en el fondo el que nuestro arroz o maíz sea más caro, se debe a nuestra limitada productividad.
Un indicador aproximado de esto es la diferencia en rendimientos de arroz entre México y otros países. Según Faostat destacan: Egipto, España, Estados Unidos y Grecia, con rendimientos por hectárea de 9.2, 7.8, 7.3 y 7.2 toneladas por hectárea, respectivamente. China produce 6.1 y México sólo 4.5. Consecuentemente, optamos por importar arroz más barato, provocando así la caída en nuestra producción. Entre 1996 y 2006, la superficie sembrada con arroz cayó de 91 mil a 73 mil hectáreas (SIAP, Sagarpa). Consecuentemente, la balanza comercial de este alimento se hace más deficitaria: para el año 2004 el valor de las importaciones alcanzaba ya 159.2 millones de dólares (Faostat).
En resumen, en una economía de mercado como la nuestra, rentabilidad y costo de oportunidad se imponen como criterios de decisión, orientando la inversión y el uso de los recursos hacia las actividades más remunerables, como el uso de la tierra para producir maíz para etanol, o el empleo de arroz como sustituto de otros granos para alimentación animal. Pero no es el caso cuestionar estos criterios de eficiencia económica. El verdadero reto es hacer más productiva nuestra agricultura. Sólo así lograremos superar nuestra vulnerabilidad ante los llamados shocks de los mercados mundiales.
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