El antitabaquismo
Ángel trejo

El antitabaquismo es un disfraz moralino y el antifaz de un gobierno-partido que se presume de izquierda y que no alcanza a ser siquiera socialdemocracia edulcorada. Lo que no puede, ni quiere ni pretende hacer, como izquierda genuina, busca hacerlo mediante acciones legales irrelevantes en el plano social más urgente como el empleo, el alza de ingresos de la población, la atención a las exigencias de salud y educación básicas y el urgente rescate de las decenas de miles de indigentes que pululan en punto de muerte en las calles de las colonias de clase media baja y suburbanas de la Ciudad de México. La prohibición de fumar en cantinas es una acción extrema que pronto, como está ocurriendo en otros países -¡curiosamente neoliberales como Estados Unidos, Alemania e Irlanda o socialdemócratas como España!- tendrá repercusiones negativas en el plano social y comercial. A las muy eventuales truculencias que algunos clientes están realizando con la protección de la Ley antitabaco (salir a fumar fuera del recinto y escaparse sin pagar), pueden sumarse la quiebra de establecimientos y la formación de clubes de fumadores como está sucediendo en Baviera y otras regiones de Alemania. En Baviera, famosa por su producción y consuma de cerveza, los restaurantes y cervecerías tradicionales han sufrido la pérdida del 50 por ciento de su clientela y el 20 por ciento de los negocios quebrados ha tenido que convertirse en clubes de fumadores. A la fecha, de acuerdo con un despacho de la corresponsal del periódico La Jornada en Alemania, Eva Usi, la Asociación para la Preservación de la Cultura Tabernera de Baviera Bávara, que lucha contra la prohibición total del uso de tabaco, agrupa a 65 mil personas y tiene un promedio diario de 500 ingresos. En 2007, al fundarse, tenía sólo 16 miembros. Ahora, es la tercera agrupación más fuerte de Baviera después de la asociación automovilística ADAC y el club de aficionados del equipo de futbol Bayern Munich... Pero los excesos de la legislación antitabaco -innecesarios porque la gente estaba ya acostumbrada a respetar las áreas de no fumar en restaurantes y lugares cerrados, lo que sugería la misma aplicación restrictiva en bares y cantinas sin grandes problemas ni consecuencias- está en un riesgo potencial a futuro: la creación de clubes clandestinos para fumar no sólo tabaco, sino otras cosas, porque la clandestinidad siempre generará tentación no sólo a violentar prohibiciones y prácticas clandestinas. ¿Es que para los gobiernos neoliberales no son suficientes los miles de picaderos que ya existen en la Ciudad de México y gran parte de poblaciones urbanas del país? ¿Será la intención de fondo de tales medidas hipócritas?

 

 

 

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