Mal con la forma, bien con el fondo
Álvaro Ramírez Velasco
La toma de las tribunas de las dos Cámaras del Congreso de la Unión por parte de legisladores del Frente Amplio Progresista (FAP) ha sido un grave error, con costos electorales aún imprevisibles, pero que serán devastadores, y en los que el Partido de la Revolución Democrática (PRD) llevará la peor parte.
Nuevamente, el ala radical del perredismo, azuzada y cilindreada por Andrés Manuel López Obrador, ganó en las decisiones y acciones al ala moderada que busca una izquierda moderna, reflexiva y propositiva.
Si bien el fondo de las protestas en el Poder Legislativo son legítimas y hasta indispensables, pues entrañan la defensa del petróleo, patrimonio nacional, las formas son absolutamente equivocadas, sobradas, innecesarias.
La pancarta, la arenga y las proclamas son métodos que la izquierda debe utilizar, pero en las calles, en la legítima protesta popular, no en el Congreso, y menos aún cuando es la segunda fuerza del Legislativo.
En el ámbito parlamentario, el PRD debió mostrar más imaginación y talento en las acciones que, de cualquier manera, lograran frenar el intento de un madruguete legislativo que pretendía Felipe Calderón Hinojosa, para que aprobaran su paquete de iniciativas de reforma energética.
Lo métodos de resistencia parlamentaria son muchos: romper el quórum, entorpecer el trabajo en comisiones, reservar artículos para generar una discusión interminable, etcétera.
No hay razón para llevar el sistema de protesta en las calles -insisto también legítima- al Congreso de la Unión, en donde además se tiene una representación importante y fuerte.
La izquierda partidista mexicana, principalmente el PRD, no ha sabido diferenciar los tres grandes caminos de la lucha por el poder, o al menos no los ha sabido aplicar correctamente.
Dicen los militantes históricos de la izquierda que en los años 70 se plantearon tres distintos caminos para la lucha por el poder, antes de que se diera la primera gran escisión del movimiento de entonces: uno era la vía armada, así que muchos decidieron ir a la selva guerrerense y ya sabemos lo que pasó. Los guerrilleros pensaban además que, a su paso, se les sumarían muchos simpatizantes. Se equivocaron.
La segunda vía era la exacerbación del ánimo popular, ganando terreno en las calles y sumando a la gente que estaba harta del sistema.
Muchos de los que formaron parte de esa visión, con el tiempo se descafeinaron y terminaron negociando con el poder o sumándose al sistema.
La tercera, la vía moderada, planteaba y plantea la inserción en el sistema político y, desde dentro, cambiar las cosas. Claro, para llegar a puestos de elección popular es necesario sumar votos, voluntades, apoyo.
Para las tres vías es indispensable el apoyo popular.
Vista en este contexto, la toma del Congreso es innecesariamente desgastante y tiene un alto precio: la condena de los ciudadanos, que es avivada por una bien estructurada campaña mediática.
Ése es el precio que tendrá que pagar el PRD y sus aliados -PT y Convergencia-, la pérdida de votos en las elecciones intermedias de 2009. La bancada perredista tiene hoy 127 diputados, si conserva la mitad, le habrá ido muy bien. Equivocaron las formas, aunque el fondo, la defensa de Pemex ante una intención de privatizarla poco a poco, sea correcto.
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