Arte y mercadotecnia
Ángel trejo

El domingo 13 de abril, el artista plástico brasileño Vik Muniz, quien ahora expone su obra en el Colegio de San Ildefonso, sede de la antigua Escuela Nacional Preparatoria (Justo Sierra 16, Centro Histórico), respondió así a una pregunta que se le hizo con respecto a la diferencia que hay entre las artes plásticas de vocación puramente estética y las artes visuales utilizadas para la mercadotecnia: “Ambas recurren al lenguaje analógico, pero mientras éstas usan las prerrogativas retóricas para vender, las artes no mercantiles mienten deliberadamente para tratar de descubrir imágenes y verdades ocultas que pueden ayudar al hombre a liberarse y a conocer mejor el mundo”.

Esta respuesta nos recuerda que el lenguaje metafórico no es de uso exclusivo de artistas (poetas, músicos, pintores, arquitectos) sino que está presente en los usos y costumbres cotidianos de todo tipo de personas, incluidos mercaderes y políticos. Pero la contestación de Muniz contiene una prevención más aguda: que las figuras retóricas (sinécdoques, metonimias, parábolas, alegorías, etc.) usadas con intención de persuadir con motivos económico, político o religioso, se convierten en falacias porque tratan de aparecer como verdades cuando en realidad son mentiras deliberadas, con propósitos truculentos.

El arte es una simulación o la sustitución de una cosa por otra, en obra de un juego milenario con el que el hombre intentó hacer magia o, simplemente, reproducir una imagen con palabras, líneas, colores, masas y sonidos. Un juego que a la fecha persiste como la expresión más alta y duradera de su creatividad y que se valora precisamente por cualidad inventiva. Pero cuando estos recursos retóricos se utilizan con fines ajenos a la intención lúdica, el juego termina por volverse mentira espuria ¡Aguas, pues, con las parábolas religiosas, los retruécanos políticos y las sinédocques o metonimias comerciales!

 

 

 

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