Debate, pero con cartas bajo la manga
Álvaro Ramírez Velasco
Con la presentación del paquete de cinco iniciativas de la reforma energética del gobierno federal, extrañamente, se moderaron las posturas de todos los actores y se abrió tiempo para un debate nacional al que el Ejecutivo y la oposición, con ases bajo la manga, esperan ganar ante la opinión pública en el discurso. Van a un enfrentamiento público de posiciones.
Con esto, además, se corrobora lo que hemos sostenido aquí: estas iniciativas no serán votadas durante el actual periodo ordinario de sesiones que termina el 30 de abril.
De entrada, y reitero que extrañamente, las bancadas del PAN y PRI en el Senado de la República aceptaron debatir con Andrés Manuel López Obrador y acordaron con el PRD que las propuestas no serán dictaminadas en la Comisión de Energía antes del debate.
Este análisis-discusión, que comenzará la próxima semana, incluirá foros públicos en los que se analizará el petróleo y sus implicaciones en el país; régimen fiscal y finanzas de Pemex; exploración y explotación de pozos -desde tierra hasta aguas profundas-, y el combate a la corrupción en la paraestatal.
Pero a pesar de que el propio López Obrador moderó su discurso, las posiciones ideológicas no cambiaron. Para el gobierno es una buena reforma que no vende la paraestatal; pero para López Obrador y el Frente Amplio Progresista (PRD, PT y Convergencia) sí va hacia el camino de la privatización.
El paquete de cinco reformas legales, desde la visión del gobierno calderonista, busca fortalecer la capacidad de ejecución de Pemex, a través de modificar la forma de contratar y de concursar servicios; busca modificar su esquema de administración, de vigilancia y de transparencia; abre “la posibilidad de que los mexicanos puedan adquirir bonos ciudadanos, títulos de deuda del propio Pemex para que todos los mexicanos que somos propietarios del petróleo nos sintamos más ligados a nuestra empresa”, así como cambiar su régimen fiscal, que será presentado posteriormente.
En cambio, para López Obrador “va en el sentido de privatizar el petróleo... es el caminito que siguieron para abrir el sector eléctrico a empresas extranjeras, sobre todo, a las españolas”.
Incluso, AMLO emitió desde el pasado 8 de abril la alerta amarilla y dijo que la intensidad de las protestas de sus huestes dependerá de que PAN y PRI cumplan su ofrecimiento de no dar un albazo legislativo.
En tanto, la bancada que definirá el futuro de las propuestas, la priísta, tomó las cosas con calma.
El Comité Ejecutivo Nacional del PRI anunció que sus legisladores se tomarán “el tiempo que sea necesario” para analizar cuidadosamente la propuesta, en la que su compromiso será preservar la soberanía nacional, el patrimonio de los mexicanos y modernizar al país.
En medio de la retórica de los tres frentes, debemos darnos cuenta de que las posiciones no han cambiado. El encontronazo, por más moderado que sea, se dará.
Tirios y troyanos van a un debate en el que no piensan en ceder, sino en apabullar al opositor ante la opinión pública. Moderaron, por ahora, las palabras, pero no las intenciones.
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