Secreto de una relación peligrosa
Ángel trejo

¿Por qué las instituciones religiosas de mayor influencia social y política aparecen siempre vinculadas con las oligarquías y con los hombres más poderosos? ¿Por qué éstos, del nivel más bajo al más alto, como ocurre con la mayoría de nuestros multimillonarios de la revista Forbes, son devotos feligreses de la Iglesia católica e infaltables donantes de sus actos piadosos y festejos religiosos? ¿Es que realmente son fervorosos seguidores de la doctrina cristiana? De dientes y lengua afuera lo son, pero de mientes adentro, no lo son ni pueden serlo, porque el Cristo primitivo los excluyó de su paraíso prometido por ratas y explotadores. La fe religiosa de los ricos no viene sólo por la herencia prehistórica del estado teológico creado inicialmente por brujos tribales, sino también de la dependencia sicológica que el hombre tiene hacia los misterios básicos que le plantean su origen cósmico, su temporalidad terrena y su temor a la muerte. Este miedo y el que provocan otras incertidumbres temporales han creado la necesidad de dioses que den respuesta a estas preguntas y que alivien dichos temores. Esta incertidumbre y la piedra de molino de la inconsciencia política que asuela a las masas ha sido el mejor aliado intemporal de los mercaderes y los ministros religiosos para manipular y explotar a muchos hombres desde lejanos tiempos.

En el artículo Actitud del partido obrero hacia la religión, publicado inicialmente el 26 de mayo de 1909 en el número 45 de la revista Proletari, Vladimir Illich Lenin abordó esta dependencia con base en las enseñanzas de Karl Marx y Frederick Engels. Entre las líneas más señeras del artículo citado figuran estas: “La raíz más profunda de la religión en nuestros tiempos es la opresión social de las masas trabajadoras, su aparente impotencia total frente a las fuerzas ciegas del capitalismo, que cada día, cada hora, causan a los trabajadores sufrimientos y martirios mil veces más horrorosos y salvajes que cualquier acontecimiento extraordinario, como las guerras, los terremotos, etc... El miedo creó a los dioses. El miedo a la fuerza ciega del capital (ciega porque no puede ser prevista por las masas del pueblo), que a cada paso amenaza con aportar y aporta al proletario o al pequeño propietario la perdición, la ruina inesperada, repentina, casual, convirtiéndolo en mendigo, en indigente, arrojándole a la prostitución, acarreándole la muerte por hambre: he ahí la raíz de la religión contemporánea que el materialista debe tener en cuenta antes que nada, y más que nada, si no quiere quedarse en aprendiz de materialista”, dice Lenin en el citado texto. El gran revolucionario ruso parecía escribir en abril de 2009...

 

 

 

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