La fórmula AMLO
Mario A. Campos

La receta la ha probado una y otra vez, casi siempre con éxito. El primer paso es encontrar una causa, una bandera capaz de entusiasmar lo mismo a las masas que a algunas élites. Luego hay que convocar a la movilización, dotarla de un sentido de trascendencia histórica y, finalmente, hay que alimentar el conflicto para que no decaiga.  La aplicación más exitosa resultó ser en el caso de su desafuero. En esa ocasión, Andrés Manuel López Obrador  logró ocupar varias veces el Zócalo de la Ciudad de México, fue capaz de convocar a su favor a un importante número de periodistas e intelectuales, y vistas las encuestas de entonces triunfó en la batalla por la opinión pública.

Con esa victoria en la bolsa López Obrador intentó repetir la fórmula luego de su derrota electoral. La victoria fue sólo parcial. Las masas, las suyas, acudieron fieles como siempre. Sólo que entonces, las movilizaciones -como el plantón de Reforma-  le llevaron a perder terreno ante el resto de la ciudadanía y su amigos intelectuales se hicieron menos.

Es con estas dos historias en su biografía que AMLO lanza de nuevo su estrategia. Montado en la defensa del petróleo y la lucha contra la “privatización” de Pemex, el ex candidato presidencial ha logrado su regreso a los primeros planos de la escena nacional. Tal y como hiciera con su desafuero, ha seleccionado un tema que entusiasma. Hace algunos años fue “la defensa de la democracia”. No se trataba de legalidad, como decía el gobierno del presidente Vicente Fox, sino del derecho de los mexicanos a elegir. Con ese enfoque, AMLO le dio al clavo y logró que incluso personajes como José Woldenberg se sumaran a su defensa.

Ahora el tema es la defensa del patrimonio de los mexicanos. No una reforma energética, no una propuesta de salvación para la paraestatal. De lo que se trata, ha dicho, es de frenar el saqueo del país. Por eso López Obrador ha dejado a un lado el debate sobre los cómo de la reforma para enfocarse en los por qués.Lo de menos es la discusión técnica, lo de fondo es la intención de apropiarse de la riqueza del país. Y en torno a esa batalla ha convocado nuevamente a intelectuales como Lorenzo Meyer, Carlos Monsivais y Elena Poniatowska, en el marco de una estrategia que ha derivado en una serie de señalamientos en contra de los actores impulsores de la reforma y de su honorabilidad. Acusaciones, mítines, marchas y pronunciamientos a través de figuras notables, son algunas de las piezas de su operación.

Conocedor de la desconfianza de la mayoría de la población sobre las autoridades -sean éstas del partido que sean- ha logrado sembrar dudas sobre la necesidad de los cambios. Las causas son de diversa naturaleza, primero, una simplificación del tema mediante la inclusión del concepto de “privatización”, expresión que por sí misma genera reacciones negativas entre muchos ciudadanos  y que ha sido incorporada incluso por los promotores de la reforma, que de todas las formas posibles han salido a los medios a decir que no buscan la “privatización” de la empresa, expresión que confirma el éxito del discurso de AMLO.

En segundo lugar, el triunfo se explica por los vacíos informativos generados por el gobierno federal y su partido, actores que han pasado tanto tiempo hablando de un diagnóstico del sector energético, que dejaron abierto el escenario para que fuera ocupado por otros actores y López Obrador aprovechó la oportunidad. En un primer momento con información sobre los contratos firmados por el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño; luego, con su señalamiento sobre una supuesta compra irregular de la Comisión  Federal de Electricidad a la empresa Repsol, dos casos que quizá sean legales pero que marcaron la agenda y alimentaron las dudas sobre la intencionalidad final de la reforma energética.

Propuesta que por lo demás sigue siendo hueca. El debate sobre los cómo no ha terminado de llegar al espacio público y no lo ha hecho por la resistencia del gobierno de Felipe Calderón a presentar la iniciativa correspondiente.  Se ha perdido mucho tiempo en calentar el ambiente y la estrategia ha resultado contraproducente. AMLO ha puesto en práctica su receta, y cada día que pasa, su éxito será mayor. A menos que el gobierno logre reorientar la discusión o que Andrés Manuel tropiece y se equivoque con el tema de la movilización, variable que en el conflicto postelectoral le salió muy caro. El tiempo dirá quién de los actores involucrados aprendió la lección.

 

 

 

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