Poesía en estado puro
Ángel trejo

Los veneros de la poesía son muchos. Quizás son tan vastos como los fenómenos físicos y metafísicos generados por un hombre en estado de pensamiento. La poesía es pensamiento, conciencia libre y especulativa. Es una invención del hombre. Es la impresión primaria de objetos y sucesos en la conciencia y en el proceso de recreación de ese material en aquélla. Un valor agregado al conocimiento inmediato de la naturaleza. La belleza y la eficacia del producto -texto literario, pieza musical, escultura, pintura, artesanía, artilugio tecnológico, baile, fórmula algebraica, acción deportiva o lúdica,etc.- depende de la destreza de quien ejecuta. Todos quienes lo intentan son poetas. La poesía es un atributo esencialmente humano y ninguna otra especie animal, vegetal, mineral o fúngica tiene esa capacidad, por mucho que sean bienes poéticos o posean rasgos poéticos. La poesía es un lenguaje multidisciplinario y multidimensional creado por el hombre y que, por lo mismo, consagra valores inherentes a la cultura de éste. Sus objetos no necesariamente son utilitarios, bellos, feos, buenos o malos, ya que el valor esencial de todo producto estético reside en el placer, el gusto o la satisfacción que provoca en su creador y sus consumidores.

En un ensayo el filósofo español José Ortega y Gasset preguntaba quién era el verdadero músico entre Ludwig van Beethoven y el mendigo ciego que afuera de un café destrozaba con violín de serrucho una de las sonatas del sordo de Bonn. La respuesta, aportada por el propio sabio hispano, fue que ambos eran igualmente músicos porque uno había creado la pieza, el otro la recreaba y los dos la disfrutaban. El hecho de que el músico de murga careciera de la capacidad creativa de Beethoven e interpretara mal la sonata, era un accidente humano que no excluía el goce estético propuesto por el autor de la Sinfonía Pastoral, como el coito multiorgásmico no está prohibido entre amantes feos ni garantizado entre dos estrellas de Hollywood. De esto se colige que la poesía es el producto más democrático creado por el hombre, ya que puede ser gestado o recreado por la mayoría de la gente y es accesible a todos en cualquier sitio, tiempo y circunstancia. Una de las fórmulas más viejas de crear poesía -antes de que el primer homo sapiens se pusiera a tallar piedras o a pintar cuevas- fue la contemplación de paisajes naturales, donde aparece la audacia del artista plástico que más tarde será pintor, escultor o fotógrafo.          

 

 

 

 

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