La visión de los agresores
Azucena del Campo
La guerra de Irak no marcha bien para Estados Unidos. Los esperados negocios derivados de la invasión no han podido consolidarse en tiempo y forma, pues la resistencia del pueblo iraquí ha resultado mucho más aguerrida y heroica de lo que se esperaba. Los gastos ascienden a millones de millones de dólares, cada día aumentan y no se puede precisar cuándo van a terminar; el país está sumergido en una profunda crisis económica y, por si no fuera suficiente, los norteamericanos muertos llegaron a 4 mil al cumplirse cinco años exactos de la invasión y un poco menos de cinco años de que George W. Bush anunciara triunfal que las operaciones bélicas habían terminado.
La opinión pública estadounidense se manifiesta cada vez más contraria a la guerra. Una corriente política, entre los grupos de poder, considera que las tropas deben retirarse y ha encontrado una buena oportunidad para instrumentarlo en el próximo cambio de mando en la Casa Blanca. La corriente más agresiva, la de George Bush, no accede a ningún retiro de tropas para el futuro próximo. No obstante, como queda dicho, ciertos grupos de poder consideran que, para mantener la hegemonía de Estados Unidos en el mundo, es necesario aflojar el cerco en Irak e iniciar el retiro de los soldados.
Un representante muy importante e influyente de esta corriente de opinión es el diario New York Times, el cual, en campaña por la reparación del grave error que representa ya la presencia militar en Irak, ha publicado varios testimonios de soldados para sensibilizar a los norteamericanos. Se trata de escritos aparecidos en periódicos, de correos electrónicos enviados y de textos publicados en los llamados blogs que fueron redactados en su momento por miembros de las tropas invasoras en Irak, y me ha parecido ilustrativo compartir algunos fragmentos de esos testimonios con los lectores de buzos.
El sargento Juan Campos, de 27 años, escribió lo siguiente: “Humor: sombrío. La vida de un soldado de infantería nunca está a salvo… cómo lo sé, bueno, lo vivo todos los días. Perdí a un buen amigo hace dos días a manos de un francotirador [el periódico NYT precisa a este respecto que mientras los soldados norteamericanos patrullaban, el fuego de los francotiradores era tan frecuente que no podían quedarse quietos más de cuatro segundos y se ocupaban en rastrear desesperadamente los techos en busca de niños que arrojaban granadas sobre ellos]… Mientras más salgo a patrullar, más alerta tengo que estar, pero a pesar de la situación, aquí en Irak nunca estamos seguros. No importan las medidas que tomemos para prevenir los ataques. Parece que se escurren a través de las grietas de los muros. Ojalá pudiera estar en casa con mi familia un día. Recen por nosotros y manténgannos en sus pensamientos… porque la vida de un soldado de infantería nunca está a salvo”.
El sargento Ryan M. Wood, de 22 años, escribió así: “Es caminar en esa delgada línea entre la cordura y la locura. Ese sentimiento de abandono total por un gobierno y un país que amabas, porque la política es librar esta guerra… y es una batalla perdida… y nosotros somos los que pagamos el precio”. También dijo: “¿Qué diablos pasó? Cualquier americano inteligente debería preguntárselo todo el día. Mientras que los ignorantes, arrastrándose a sus cuatro paredes, anhelan las cosas simples de la vida como ‘¿una hamburguesa esta noche?’… Estoy consciente de que no todos piensan de esta manera, pero, desde mi pequeño rincón de la tierra, Irak, un punto en el planeta que la mayoría de los americanos no podría localizar en el mapa, así lo parece… Para todos los americanos sólo tengo una frase que me ayuda a pasar mi día de constantes peligros y la muerte siempre presente a la vuelta de la esquina, ¿A QUIÉN [se omite aquí una palabrota que el NYT no quiso publicar] LE IMPORTA? Wow, América, hemos llegado a ser una nación de ensimismados retardados… Este mundo tiene un serio problema y ya es hora de que Estados Unidos lo empiece a discutir”.
El soldado Ryan Hill, a su vez, escribió: “Trato de no llorar. Nunca había llorado tanto en toda mi vida. Dos grandes hombres fueron separados de nosotros muy pronto. Me pregunto por qué fueron ellos y no yo. Me siento y me pregunto por qué fueron ellos a las puertas del cielo y no yo. Todas las noches trato de tomar en cuenta la bendición de que haya pasado otro día, pero ¿por qué estamos en este infierno? ¿Por qué? No puedo dejar de preguntarme ¿por qué?”.Estos tres y tres soldados más cuyos testimonios publicó el NYT están ahora muertos. Son algunas de las evidencias aparecidas, mientras todavía gobierna George W. Bush y su grupo de halcones; habrá que esperar las que aparecerán cuando baje la censura oficial. Pero éstas siempre serán las voces de los agresores, de los que llevaban comida, agua, armamento y equipo moderno y sofisticado. No me queda ninguna duda de que el mundo entero se estremecerá cuando lleguen a escucharse los gritos, los alaridos de dolor de las madres que sobrevivieron a sus hijos, la pena infinita de los padres que no pudieron enterrar a sus hijas violadas en tumulto por la soldadesca, los bramidos de los huérfanos que enloquecieron cuando sus padres fueron masacrados en su presencia; el mundo quedará paralizado cuando conozca los detalles de esta llaga en el costado de la humanidad, que durante todos estos años diabólicos ha causado la necesidad de materias primas, el ansia por mercados, la maldita obsesión por la ganancia.
|