El "sueño americano"
Edgardo Lara
A través de la prensa deportiva conocimos la deserción de siete futbolistas cubanos que asistían a la eliminatoria hacia los Juegos Olímpicos en China, y aunque esto no es un hecho inédito y ésta no es una columna deportiva, lo cierto es que, personalmente, me resulta increíble que alguna gente, sobre todo la que vive en un país verdaderamente libre como Cuba, piense que Estados Unidos es la tierra de las libertades y las esperanzas; el suceso me obliga a escribir sobre este problema, con la única pretensión de poner a consideración de mis estimados lectores la pregunta verdaderamente trascendente: ¿es realmente el “sueño americano” la mejor de las vidas a la que un ser humano puede aspirar? Y, más aún, ¿son ciertas las virtudes del capitalismo norteamericano que, un día sí y otro también, nos inyectan a través de toda su maquinaria de publicidad?
Veamos los datos duros y analicemos fríamente lo que nos ofrece el llevado y traído “sueño americano”. En Estados Unidos, anualmente, 27 mil norteamericanos se suicidan; 23 mil son asesinados; 85 mil resultan heridos de bala; 13 millones son víctimas de diversos crímenes, entre ataques, violaciones, robos a mano armada, atracos, incendios criminales; 135 mil niños llevan armas a la escuela; 6.6 millones de personas toman regularmente alguna droga dura; 126 mil niños nacen con dolencias importantes debidas, principalmente, a cuidados insuficientes antes del nacimiento, por carencias alimenticias, un entorno tóxico, o toxicomanía de la madre; 30 mil niños sufren incapacidades físicas permanentes debidas a malos tratos; 900 mil niños trabajan como obreros agrícolas subpagados, lavaplatos, obreros de lavanderías o criados de casas; 700 mil mujeres son violadas, o sea una cada 45 segundos; 40 millones de personas no tienen seguridad social o protección en caso de enfermedades graves; entre 7 y 12 millones de personas están sin empleo; 6 millones de personas tienen empleos concebidos para ser temporales; 15 millones de personas trabajan a tiempo parcial, de duración determinada y sin beneficiarse de protección social; 80 millones de personas viven con un ingreso inferior al ingreso “confortablemente adecuado”, definido por el Ministerio de Trabajo de ese país; 35 millones de ellos viven bajo el límite de la pobreza extrema; 12 millones de pobres sufren hambre crónica y malnutrición; 2 millones de personas no tienen domicilio y viven en la calle; y la lista podría seguir ad nauseam.
A pesar de que estamos en todo nuestro derecho de dudar si las estadísticas reflejan de manera fidedigna la realidad, pues son publicadas por el propio gobierno estadounidense y son perfectamente susceptibles de ser maquilladas, no entraremos en esta discusión que resultaría por demás inútil, pues los números nos dejan fríos aun con su versión oficial, light; y lo único que dejan claro es que el capitalismo yanqui no es mejor que el capitalismo en cualquier otra parte del mundo; me atrevería a afirmar que es, incluso, peor. La tierra prometida no ofrece a los individuos más que convertirse en víctimas de un sistema en el que el fin último es la extracción de ganancias. Esto y no otra cosa es lo que ofrece el sistema capitalista, en general, y el “sueño americano”, en particular. Sólo invito a reflexionar seriamente sobre este punto.
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