Acuña, amor y pobreza
Ángel trejo
El suicidio de Manuel Acuña en diciembre de 1873 es todavía objeto de pesquisas sobre la causa real o de fondo de su decisión exterminista, porque en décadas recientes se ha puesto en entredicho la versión de que se mató por su “amor no correspondido” a Rosario de la Peña, la famosa musa de varios poetas mexicanos y latinoamericanos del último tercio del siglo XIX, entre ellos Manuel M. Flores, el propio Acuña, Juan de Dios Peza y José Martí. El insigne patricio cubano, al parecer, creyó esta versión porque a los pocos días del fallecimiento del gran poeta saltillense escribió un texto post mortem en el que le hace un afectuoso reproche por su debilidad y demasiada entrega a la tristeza. El contenido temático del poema Nocturno a Rosario fue tomado como desesperanzada declaratoria amorosa y adiós último, olvidándose que este tipo de proclamas literarias suele corresponder más a la transportación poética que a la urgencia pasional efectiva o real, como ocurría con las musas grecolatinas (Filis, Amarilis, etcétera) que sirvieron de modelo de amores castos y mundanos de los poetas europeos de la Edad Media y el Renacimiento hasta bien entrada la época de Cervantes, Lope de Vega y Quevedo.
Acerca de la causa del suicidio de Acuña -ocurrido en el edificio de la antigua Escuela de Medicina, en la Plaza de Santo Domingo- hay, por lo menos, dos versiones más con su respectiva musa y una sola razón pragmática: la pobreza, la cual lo obligaba a vivir permanentemente con hambre y extremas necesidades de dinero, mientras realizaba sus estudios de medicina. De acuerdo con diversas consejas, esta dama fiel e infaltable en la mayoría de los mexicanos (la pobreza) lo indujo al suicidio cuando se vio involucrado en el fuerte compromiso económico derivado del embarazo de Soledad, humilde lavandera con quien compartía amores en Santo Domingo. El escritor español Pepe Monteserín (Pravia, Asturias, 1952) es autor de una novela con el tema de este amorío, titulada precisamente La lavandera. Pero hubo otra mujer que pudo ser causa del suicidio: Laura Méndez, maestra normalista mexiquense y poeta con quien procreó un hijo, que murió a los tres meses de haber ocurrido la muerte de Acuña. Años más tarde Laura se casó con el también escritor Agustín F. Cuenca y destacó en el ambiente intelectual mexicano como una de las pioneras del feminismo en el siglo XIX. Acuña murió a los 24 años, cuando empezaba a madurar como poeta.
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