Tres políticos
Mario A. Campos
Mismas reglas, tres políticos, tres resultados diferentes. Con esa frase podemos resumir la historia que estamos viendo en el país en materia de comunicación y propaganda. En el primer caso, el político es el Presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa. Acotado por la reciente reforma electoral que prohíbe a los gobernantes usar los recursos públicos para su promoción personal, el mandatario ha salido, en consecuencia, de los spots de su gobierno. De ahí que, como el resto, ahora se enfrente al reto de construir su imagen en función de su presencia en los espacios informativos.
Para ello, el Presidente ha apostado por dos atributos fundamentales, uno estratégico y de largo plazo, el otro coyuntural. No se necesita ser especialista para imaginar que el primer tema se refiere al combate a la inseguridad. Convertida en su bandera desde los tiempos de campaña, Calderón insiste en impulsar este eje como el principal sello de su administración; en segundo lugar, y quizá obligado por las circunstancias, ha recurrido al terreno económico para ganar a la opinión pública. En ese sentido, anunció la semana pasada un decálogo de acciones para hacer frente a la compleja situación económica mundial derivada de la posible recesión de la economía estadounidense.
De la mano de estos dos puntos, visibles los dos, existe un tercer proceso, sin duda el más importante, que pasa por sacar adelante aquellas iniciativas de ley que dan vida a lo que conocemos como las reformas estructurales, y que constituyen la transformación más relevante para su administración. En esa lógica se inscriben desde la reforma al sistema de pensiones de los trabajadores del Estado, hasta la reforma fiscal, pasando por los cambios en materia de justicia, y por supuesto, las ya en marcha reformas en materia energética y judicial.
Lo extraño en este caso es que el Presidente ha optado por construir una especie de operación sacrificio, en la que parece haber asumido que el costo de sacar adelante “las joyas de la corona” es no presumir las ganancias del tema. Como si en algún momento, de forma implícita o explícita, Felipe Calderón hubiera acordado con miembros destacados del PRI, y al menos un segmento del PRD, que la condición fundamental para que salieran adelante las iniciativas presidenciales era que no fueran a lucrar políticamente con los resultados.
Por este hecho, el Presidente se mantiene todavía en este bajo perfil que quizá sea útil y necesario desde la perspectiva del ejercicio de gobierno, pero que resulta anticlimático desde la mirada de la imagen y la comunicación.
En contraste, otro actor, Enrique Peña Nieto -indudable precandidato del PRI a la Presidencia de la República para el 2012-, ha asumido que su reputación pasa por estar presente todos los días en los principales espacios informativos. Resulta aventurado señalar que para ello ha comprado tiempo dentro de los noticiarios -lo cual resultaría poco ético, por supuesto- sin embargo, es evidente que ha adquirido tiempo aire en los espacios comerciales y eso ha estado acompañado por una extraordinaria cobertura por los medios en los que se anuncia su gobierno. Presencia tiene, no hay duda. El problema es que resulta difícil identificar aquellos atributos que le distinguen más allá de su físico. El tiempo dirá si esta estrategia de colocar su nombre y su imagen sin un proyecto claro, resultó acertada.
En particular, cuando se le compare con el tercer actor que forma parte de la terna anunciada al inicio de este artículo: Marcelo Ebrard, Jefe de Gobierno del Distrito Federal, quien también mantiene una notable presencia en medios escritos y electrónicos, y que a diferencia de su homólogo del Estado de México, lleva aparejada una alta exposición con la construcción de una imagen identificada con valores claros.
Desde que inició su administración, Ebrard ha sido portador de dos banderas: la recuperación y creación de espacios públicos, en esta lógica se encuentran desde las “playas del DF”, hasta las pista de hielo, incluyendo los paseos ciclistas, y el haberse vendido como un defensor de la ley y el orden, lo que le ha llevado al reacomodo del comercio ambulante en el Centro Histórico, y a las cuestionadas expropiaciones de manzanas completas bajo la premisa de que constituyen zonas de refugio y operación para la delincuencia.
No es el propósito de este texto señalar los pros y contras de las acciones de estos tres políticos, ni advertir sobre su pertinencia; el objetivo es simplemente llamar la atención sobre las estrategias de comunicación de cada uno de estos tres actores. Usted tiene la última palabra a la hora de juzgar su eficiencia.
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