Woody Allen (I)
Cousteau

Woody Allen es uno de los cineastas más prolijos del séptimo arte, no sólo por la gran cantidad de películas que ha filmado en su larga carrera como realizador, sino también por la temática y la variedad de géneros en que ha incursionado desde 1968, año en que filmó su primera película. Allen ha filmado desde las más jocosas comedias, hasta los dramas más intensos. Admirador de Ingmar Bergman -y el primero que reivindicó en EE.UU. la filmografía del gran director sueco-, ha ganado varias veces el Oscar, famoso premio de la Academia. Sin embargo, en su país sus cintas no han tenido la popularidad que las de otros directores; su cine ha sido más apreciado en el extranjero, debido a que éste no se ajusta a los cánones del cine estrictamente comercial, que privilegia lo espectacular  por encima de lo que hace reflexionar al cinéfilo, de lo que le induce a pensar y a adentrarse en el conocimiento profundo del alma humana y de los problemas en que se involucra.

El cine de Allen es, por tanto, un cine que se acerca al de los grandes directores, como Bergman, Antonioni o Kieslovski, es decir, al de los maestros europeos del cine. Con Annie Hall (1977), Allen demostró su excelente manejo del lenguaje cinematográfico; en esta cinta -que ganó el Oscar a la mejor película- Woody Allen se dio el lujo de hacer que los personajes hablaran directamente a la cámara, como si entablaran diálogo directo con el espectador; hizo regresiones y digresiones. Allen jugó en esta cinta con las reglas cinematográficas. Sin embargo, también ha sabido hacer cintas en las que la historia, la fotografía, la música, los diálogos, etc., armonizan de tal forma que producen un verdadero  gozo estético. En ese sentido, es memorable la cinta llena de nostalgia Manhattan (1979), considerada un clásico dentro de la historia mundial del cine. En esta película, Allen combina de forma magistral una historia de amor, con imágenes muy bellas (a pesar de haber sido éstas tomadas en blanco y negro), según muchos críticos, de la ciudad de Nueva York y, por si fuera poco, teniendo como fondo musical la célebre Rapsodia en azul de George Gerswin.

Las últimas cintas de Woody Allen son dramas intensos, que reflejan los problemas que aquejan a los individuos en la sociedad actual: ambición desmedida, búsqueda del ascenso social a toda costa, infidelidad, hedonismo extremo y deshumanizante, deseo y desesperación que lleva el cometer errores derivados de las pasiones. Retrata entonces las situaciones que derivan de la descomposición moral propia de la sociedad que ha endiosado el dinero, el lujo desmedido, el derroche y la vida vana. Allen, sin embargo, no es un director que pretenda hacer crítica social, pero sus cintas, como algunas novelas de los grandes escritores rusos del siglo XIX, reflejan la sordidez, la miseria espiritual en que se sumen las capas altas de la sociedad  actual. Su cinta Match Point es una adaptación libre de la novela corta de León Tolstoi El Diablo (un retrato psicológico de un terrateniente ruso que sufre el tormento moral por sus actos de infidelidad, al enredarse con una campesina a la cual termina asesinando, pues llega a la conclusión de que ella es la causa diabólica de sus desventuras).

 

 

 

 

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