El che JL Borges
Ángel trejo

El experto literario Vincent Fox Cheesed no estaba tan lejos de la verdad cuando en uno de sus desatinados viajes a España aludió al autor de Ficciones con el nombre José Luis Borgues, pues el nombre completo de aquél era Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Azevedo y no simplemente Jorge Luis Borges, el famoso escritor argentino nacido en 1899 y muerto en 1986 en Ginebra, Suiza. Borges se extinguió en la ciudad natal de Jean Jacques Rousseau, después de cometer prácticamente una “traición” contra sus paisanos al decidir ser sepultado fuera de su tierra y huir a la muerte sin avisar ni despedirse de familiares y amigos. Unos meses antes, el fallido marido y novio de por lo menos tres mujeres de polendas en Argentina, se había casado con su joven discípula y secretaria, María Kodama, a quien heredó una fortuna de exitoso escritor de primer mundo. Una explicación única o absoluta de su adhesión mortal a Ginebra se desconoce, pero se entiende que esta ciudad era muy querida por él porque en ella intentó curar su debilidad visual, terminó sus estudios de secundaria, aprendió francés, alemán y latín y fortaleció su vocación literaria. Ahí también tuvo una iniciación sexual frustránea con una prostituta, propiciada por su padre, que acaso lo marcó para el resto de su vida íntima de presunto celibato y abundantes ofertas amorosas dada su fama pública, su discurso fácil y elegante y su prestancia de ciego sabio al estilo de Homero el griego.

Tal era el prestigio universal de Borges que su nombre sugirió plagios y textos apócrifos, como en su momento los padecieron a escala mayor Miguel de Cervantes y Mateo Alemán, los grandes autores de la novela española moderna. En décadas recientes circuló un poema atribuido a él, Instantes, que su propia viuda, María Kodama, e investigadores literarios como Nicolás Helft, Jaime Almeida y Rafael Olea, han desacreditado de su autoría por razones de calidad y porque lograron rastrear el origen del apócrifo. Kodama y Helft, de acuerdo con Olea, en un artículo publicado en 2003 en la revista Proceso, atribuyen el poema a una escritora norteamericana, y Almeida y Olea a un caricaturista también estadounidense de nombre Don Herold, autor de un texto en prosa publicado en septiembre de 1953 en The Reader’s Digest, cuyas frases fueron cortadas y dispuestas en verso con la intención de hacerlas “sonar”, fallidamente, como un poema de Borges. La indagatoria de Almeida, según Olea, incluyó la versión original en prosa de Instantes debida a Don Herold, cuya versión es la siguiente: Si pudiera vivir nuevamente mi vida, en la próxima trataría de cometer más errores. No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más. Sería más tonto de lo que he sido, de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad. Sería menos higiénico. Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría más atardeceres, subiría más montañas. Iría a más lugares adonde nunca he ido, comería más helados y menos habas, tendría más problemas reales y menos imaginarios... Para hacer más borgiano el texto de Herald, el autor del plagio y el apócrifo agregó una frase sentenciosa extraña al original pero que ensamblaba mejor el contenido biográfico de Borges: ...Pero ya ven, tengo 85 años y sé que me estoy muriendo...

 

 

 

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