Gasto público: pan y circo
Abel Pérez Zamorano

Panem et circenses; así denominó Juvenal en el siglo I la práctica de los emperadores romanos de entretener a las masas empobrecidas con espectáculos de circo y reparto de panes. En la actualidad,  en nuestro país se viene aplicando este principio (aunque sin los panes) por gobernantes de los diferentes partidos, precisamente para distraer la atención popular de los problemas neurálgicos. Con singular fruición apela a este medio el Gobierno del Distrito Federal, por ejemplo, las “roscas de reyes kilométricas”, hasta la construcción de las famosas playas, que consumieron cuantiosos recursos, y que ni por asomo resuelven la real necesidad popular de descanso y recreación. Agréguese a esto la pista de hielo en que se convirtió el Zócalo a partir del primero de diciembre, y cuyo costo, a decir del Jefe de Gobierno, fue de 16 millones de pesos. Más tarde fueron los cien telescopios instalados en el mismo lugar para apreciar el reciente eclipse.

Está en marcha el proyecto de construcción de la llamada Torre Bicentenario, con los auspicios del GDF, conmemorativa de la independencia, obra suntuaria proyectada como la torre más alta de América Latina (300 m), que constará de 70 pisos y cuyo costo se estima en 600 millones de dólares. A este respecto, el Jefe de Gobierno declaró que: “… éste es uno de “los proyectos más importantes” para “colocar a la Ciudad de México en el escenario internacional y global… Es un proyecto no sólo a apoyar, sino que además resulta prioritario…”. (www.esmas.com, Noticieros Televisa, julio 23 de 2007). Con lo que dicen que costará la cabañita ésta, habría que imaginar cuántas colonias pobres podrían tener agua limpia y electricidad.

Mientras así se asignan los recursos, es patente el grave rezago social que sufre la Ciudad. La necesidad de vivienda es sencillamente incalculable, y sólo se atenúa mediante la creación de grandes unidades habitacionales en el Estado de México, esto mientras en la Delegación Álvaro Obregón, en plena capital del país, muchas familias siguen viviendo en cuevas, sin contar los miles de indigentes que viven en edificios abandonados, en puentes o sótanos. El antiguo sistema de drenaje se encuentra ya en un equilibrio sumamente precario, amenazando con colapsarse, con grave riesgo para la seguridad de los habitantes de la ciudad. En materia de confinamientos de desechos tóxicos y depósitos de basura las cosas no lucen mejor. El tiradero de El Bordo se encuentra desde hace tiempo en su punto máximo de saturación, y urge construir un depósito con la tecnología apropiada para las necesidades de una gran metrópoli.

El problema del agua se torna cada día más insoportable… para los pobres. Destacadamente, en la demarcación Iztapalapa el suministro del líquido es escaso, de pésima calidad y muy caro. Los usuarios deben pagar cuotas cada vez más elevadas por un servicio por añadidura irregular. “Hay casos que hemos detectado, sobre todo en Iztapalapa, donde la gente pagaba antes 200 pesos y ahora les llegó el recibo por 2 mil pesos”; esto lo declara el presidente de la Comisión de Gestión Integral del Agua en la Asamblea Legislativa del DF. (El Universal, 21 de febrero).

Por su parte, Horacio Martínez, Jefe Delegacional, admite que el consumo de drogas se ha disparado en Iztapalapa: en el año 2006 había 420 expendios de droga, y en éste el número alcanza los mil 500 (El Universal, 21 de febrero). Para nadie es desconocido que el incremento en el consumo de estupefacientes está directamente asociado con altos niveles de insatisfacción social, pobreza, desempleo y falta de oportunidades y educación, sobre todo para los jóvenes ¿Se resolverá eso con una pista de hielo durante un mes? Asimismo, se procedió a expulsar del Centro Histórico a los ambulantes, atendiendo a la queja de los comerciantes establecidos, pero, ¿tendrán aquéllos ahora una fuente de sustento decorosa y segura para sus familias? 

Evidentemente, la política aquí expuesta no es privativa del Gobierno del Distrito Federal; quizá se trata sólo del que con más entusiasmo la aplica, pero independientemente del partido o el lugar en que así se proceda, lo real es que se está ignorando las verdaderas necesidades de la población humilde, ofreciéndole circo a cambio. Se engaña a la ciudadanía, pero a la realidad no se la puede engañar, y de no responderse a sus reclamos se está provocando aún más irritación social. Ciertamente, la gente se alegra con espectáculos, pero el problema no es promoverlos, sino hacerlo en lugar de resolver las lacerantes necesidades de la gente.

Lo cierto es que atenderlas a cabalidad implica enfrentar el problema de la distribución de la riqueza, a lo cual los gobiernos no están dispuestos. Asimismo, lo que hoy observamos viene a poner de manifiesto la forma vertical y autoritaria en que se decide la aplicación de los recursos, excluyendo por completo la efectiva participación ciudadana, práctica que no sólo obedece a una concepción de los gobernantes, de todos los colores partidarios, insisto, sino a la gran falta de conciencia social y educación política de una sociedad no preparada aún para hacer valer sus derechos.


       

 

Anteriores del autor:

Empresa eficiente y daño social

La clase media ante el gran capital

Precios libres, salarios fijos

Reto en la enseñanza de la economía

Reto en la enseñanza de la economía

El negocio de la vivienda y la "pinza" gobierno-constructoras

El TLCAN y los "defensores" de los campesino

Capital humano y trabajo asalariado

Los trabajadores migratorios en Europa

México, crisis educativa

En el mundo menos acceso a los alimentos

Conocimiento y economía

Deterioro del medio ambiente y acciòn social

China, ¿Salarios de hambre?

Correctivo social a los excesos de comunicación

Atraso científico y tecnológico

La ultraespecialización y sus efectos

La productividad y sus factores determinantes

Ahora el aumento a la gasolina

El imperio del mercado

¿Un capitalismo avanzado?

La acumulación avanza

La pobreza explicada por los ricos