Ingresos y egresos nacionales
Brasil Acosta Peña
La economía mexicana recabó 108 mil millones de dólares en todo 2007 por concepto de divisas (moneda extranjera) y se dice que es la cifra más alta que por este concepto ha sido alcanzada a lo largo de la historia reciente, según cifras del propio Banco de México (Banxico); en contraste, el crecimiento económico fue de solamente un 3.3 por ciento muy por debajo de lo que pudiera alcanzarse con ese monto de ahorro interno. De estos ingresos, el monto que alcanzaron las divisas recibidas en nuestro país por el concepto de “venta externa de productos del petróleo” fue de 42 mil 886 millones de pesos, cifra que el propio Banxico ha calificado como “sin precedente”, lo cual, en muy buena medida, se debió a los altos precios del petróleo observados durante el año pasado.
Las remesas ocuparon nuevamente un lugar importante en la cantidad de recursos provenientes del extranjero (segundo), cuyo monto ascendió a los 23 mil 979 millones de dólares, lo cual representa un 5 por ciento más que en 2006, muy a pesar del endurecimiento de las políticas antiinmigrantes seguidas por los Estados Unidos y muy a pesar de la relativa falta de estabilidad del empleo en aquel país, por los indicios de recesión que se observaron en el 2007.
Por el lado de la inversión extranjera directa, es decir, el monto de recursos provenientes del extranjero con propósitos de inversión en nuestro país, la cual, según se dice, es potencialmente creadora de empleos, no volvió a superar al monto de las remesas, colocándose en 23 mil 230 millones de pesos.
Se trata, pues, del mayor monto de recursos con los que ha contado nuestro país en su historia para su desenvolvimiento interno y, sin embargo, la economía no crece, no crea los empleos prometidos en la campaña política para la Presidencia de la República, y, además, agudiza la contradicción entre los pocos que tienen lo más; y los más que apenas tienen lo indispensable para vivir al día.
¿A dónde se van estos recursos?, ¿en qué se gastan?, ¿por qué no crece la economía a una tasa mayor y solamente crece a una tasa global del 3.3 por ciento? y ¿por qué la pobreza y todas sus inhumanas como desastrosas consecuencias sobre la vida de millones de seres humanos, avanza a paso firme? La respuesta puntual a este tipo de preguntas no es, de suyo, sencilla, ni contamos con toda la información habida para poder dar tal respuesta; además, contestarla requeriría de un estudio muy elaborado para destacar las causas precisas y las fugas de recursos que hacen que el resultado del crecimiento económico no sea el esperado y razones de espacio nos lo impiden.
No obstante, estudiando el problema más de cerca, podemos decir que hay las que se conocen como causas últimas, las cuales nos permiten comprender lo que determina a un fenómeno concreto. Por ejemplo, si analizamos el fenómeno desde el punto de vista de la corrupción, no conocemos a ciencia cierta el monto exacto de recursos que han ido a parar a las manos de la corrupción (causa particular); sin embargo, lo que sí sabemos es que la corrupción existe en México (causa última) y que ella determina la fuga de recursos que va a parar a manos de vivales.
Ahora bien, la causa última que hace que la economía no crezca y que, al contrario, teniendo los recursos para hacerlo se frene o se vea estancada, es la injusta distribución de la riqueza derivada de una ideología soportada en la existencia de la propiedad privada.
Efectivamente, los intereses de aquéllos que tienen en su poder los llamados medios de producción, es decir, como escribiera Federico Engels en la introducción a la obra de Carlos Marx, Trabajo asalariado y capital: las herramientas, las máquinas, las materias primas y los medios de vida revelan, a todas luces, que no todos los miembros de la sociedad gozarán de la riqueza creada; al contrario, para que ellos (los poderosos) gocen, necesariamente otros individuos tienen que ahorrar, absteniéndose de un consumo medianamente bueno, viviendo apenas con lo indispensable.
El problema consiste en que la inmensa mayoría de la sociedad mexicana se abstiene de consumir para que otros, unos cuantos, disfruten; y lo peor es que los encargados de hacer la política en el país, lejos de cambiar la situación, la propician bajo el principio de “dejar hacer y dejar pasar”: sus preocupaciones se quedan al nivel de ver si los fumadores pueden o no hacerlo en lugares públicos.
El resultado de la apropiación privada de los medios de producción es claro: los recursos que llegan a México por la vía de las divisas, aunque pudieran ser un importante motor del crecimiento nacional, no van a parar sino a manos de los potentados del país, pauperizándose la inmensa mayoría y sufriendo el pueblo trabajador una pobreza cada vez más dura, lacerante e intolerable.
Solamente un gobierno dirigido por las clases populares, educadas y organizadas, será capaz de influir en la conciencia de las masas en general para, tarde o temprano, lograr que esos inmensos recursos recibidos se trasformen, real y verdaderamente, en las obras y los servicios que el pueblo trabajador merece y necesita con urgencia.
|