La estrategia del tanteo
Álvaro Ramírez Velasco

En el tema de la reforma energética, el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa ha optado por utilizar la estrategia del tanteo, que inauguró Ernesto Zedillo Ponce de León en 1997, cuando el Partido Revolucionario Institucional (PRI) perdió la mayoría en la Cámara de Diputados.

Este esquema se da porque el Poder Ejecutivo es incapaz de lanzar de manera frontal una propuesta específica, mucho menos una iniciativa detallada, ante la evidente posibilidad de que la oposición se la eche abajo -cuando el PRI era la aplanadora legislativa no era necesario establecer ninguna táctica, pues las propuestas del Presidente de la República se aprobaban sin chistar-.

Por cierto, ni con la estrategia del tanteo —una vez enterrada la mayoría priísta del Congreso—, Ernesto Zedillo consiguió la aprobación de una reforma energética que permitiera la participación de particulares en Pemex y la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

En ese entonces, sus correligionarios priístas de la LVII Legislatura del Congreso de la Unión, que aún conservaban la ideología nacionalista, le dijeron que no, junto con los legisladores del Partido de la Revolución Democrática y los apenas cinco diputados federales que en ese entonces tenía el Partido del Trabajo. La propuesta ni siquiera fue presentada formalmente ante las Cámaras.

Paradójicamente, el partido que sí ofreció su apoyo y sus votos al entonces presidente Zedillo fue el PAN, que en esos años era presidido por Felipe Calderón Hinojosa.

En fin, el último presidente priísta (o el primer panista, dicen algunos con ironía) lanzó a varios funcionarios al cabildeo directo en el Congreso, a la par que la oficina de Los Pinos establecía una estrategia de comunicación en los medios masivos y se daban a conocer adelantos de la propuesta, para ir conociendo la reacción de la opinión pública. Entonces fracasó, porque incluso su partido rechazó la privatización de facto para el sector.

Hoy el escenario es diferente, por lo que los calderonistas apuestan a que ahora sí funcione la estrategia retomada del zedillato.

En este esquema, el pasado 14 de febrero -mientras el habitante de Los Pinos estaba en Estados Unidos-, la secretaria de Energía, Georgina Kessel, informó que al final de marzo se tendrá lista una propuesta de reforma energética en la que “no necesariamente” se tocará la Constitución (ya en la entrega anterior explicamos que una reforma a la Cartas Maga es imposible), pero sí se buscaría que Pemex se asocie con petroleras internacionales para la exploración y explotación de yacimientos en aguas profundas.

De acuerdo con el gobierno federal, un pozo petrolero en aguas profundas cuesta 150 millones de dólares, y México necesita por lo menos 2 mil pozos nuevos para mantener su producción actual.

Días después, ya en México, el “chaparrito pelón de lentes” -como describió el ex dirigente panista, Manuel Espino, a Calderón- lanzó un nuevo dato: la intención de realizar licitaciones para concesionar al sector privado para la generación de petroquímicos en México, hasta por 15 años.

La idea es irse con tiento, al tanteo, medir la reacción de los opositores, de la opinión pública y aprovechar los medios de comunicación afines al calderonismo, para buscar la aprobación de una reforma que, sin eufemismos, es una privatización velada y lenta. “Fríamente calculada”, como dijera aquel comediante que por cierto es panista.

 

 

 

 

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