El increíble Sikander
Ángel trejo
En la sección cultural Babelia del diario español El País se publicaron, el pasado 16 de febrero, una entrevista con el historiador británico Robin Lane Fox, uno de los biógrafos más prestigiados de Alejandro Magno, y las reseñas de las biografías más recientes del famoso guerrero macedonio. El perfil histórico que emerge de estos textos no es muy diferente en magnitud al que siempre se ha tenido de él muchos siglos. Sin embargo, hay algunos datos precisos de sus hazañas y rasgos, especialmente los aportados por Lane. Éste lo describe bajo de estatura, de ojos grandes y no necesariamente guapo como James Dean. Bisexual con mayor propensión a efebos que a mujeres o, en todo caso, desgustador por igual de ambos sexos. Tuvo dos esposas persas, una afgana o bactriana (Roxana, de quien estuvo enamorado) y durmió con una reina hindú. Era dado a las francachelas mientras no andaba en la guerra y general muy valiente que peleaba en primera línea al lado de sus soldados. En la campaña de conquista del Hindu Kush, región montañosa donde hoy se ubican Afganistán y Uzbekistán, la cual duró dos años (329 a 329 a. C), recibió la última y más grave herida que recibió en su corta vida de 33 años al trepar una muralla en la que de pronto se quedó solo porque se rompió la escalera por la que subían sus compañeros. Esa lesión, provocada por una lanzazo que penetró uno de sus pulmones, fue la causa del debilitamiento que más tarde lo mató. Lane dice que Sikander, su nombre en persa, planteaba las batallas mediante un despliegue preciso de sus tropas como en una tabla de ajedrez, luego buscaba el punto débil de su rival concentrando sus esfuerzos con base en movimientos rápidos y sólidos hasta romper las líneas enemigas. Una estrategia similar aplicó Napoleón Bonaparte 21 siglos después utilizando como principal arma de fractura o ablandamiento la artillería. El historiador afirma que Alejandro buscó crear un imperio multinacional sin considerar diferencias étnicas, culturales ni lingüísticas, ni perseguir beneficios para una metrópoli. Lo pinta generoso y piadoso con los derrotados, pero igual de bárbaro que cualquier otro soldado cuando se le resistían. Aspiraba a encarnar al mítico Aquiles de la Iliadahomérica. Lane asegura que no fue “un imperialista ni un colonialista”, sino un genio militar con dotes de estadista que quizás ambicionaba crear una cultura de excelencia con base en escoger lo más bello y eficiente de cuantas pudo conocer. Durante su campaña en el Oriente Medio y el Extremo (llegó a la India), Alejandro fundó más de 20 Iskandariyas (Alejandrías), la más famosa de las cuales fue la asentada en el Meditarreneo egipcio, cerca de la desembocadura del río Nilo, donde estarían sepultados algunas partículas de sus restos tras su fallecimiento y momificación en Babilonia en 323 a. C.
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