Kosovo se cambia de jaula (II parte)
Azucena del Campo

Última parte por lo pronto, pues nadie sabe si la pequeña fracción de territorio que se separa de Serbia volverá a ser noticia en un futuro cercano y, si es necesario, le volvemos a acercar la lupa en atención a nuestros lectores. Cabe ahora completar lo dicho en la colaboración de la semana pasada, porque los peones del imperialismo en Kosovo sí cumplieron la amenaza de declarar su independencia, y ahora esa porción de los Balcanes se considera país soberano y, además, porque ahora asoman más claramente la cabeza los patrocinadores de la pretendida independencia.

Kosovo estuvo fuera de la influencia de Serbia desde 1999, desde que, a cambio de parar los ataques sobre Serbia, fue convertido en un protectorado de facto de la Organización de las Naciones Unidas, cuyas tropas colaboraban estrechamente con la administración albano-kosovar, y estuvo separado de la hoy extinta Yugoslavia, desde mucho antes, desde, por lo menos, 1991 cuando se iniciaron las guerras separatistas de Bosnia, Croacia y Eslovenia. No es la primera vez y no será la última que bajo los auspicios de la ONU se ampute un territorio de un país débil en interés del imperialismo, recuérdese que fue precisamente la sagrada ONU la que autorizó la partición de Palestina para formar el Estado de Israel.

Cualquiera diría que tan importante protección, las de las naciones unidas o el mundo civilizado todo, habría proyectado a Kosovo a una senda de paz y de progreso definitivos, pero se sorprenderá cuando se entere de que resultó todo lo contrario. Al día de la declaración de independencia, aparte de los cientos de miles que han emigrado por hambre, Kosovo tenía el 45 por ciento de su población económicamente activa completamente desocupada, porcentaje que en el caso de los jóvenes llega al 70 por ciento y tenía además a 740 mil de sus 2 millones de habitantes viviendo con 1.5 euros al día lo que equivale a menos de 25 pesos diarios.

Al día de la independencia, aun con la presencia de las tropas de la ONU o, quizá sea mejor decir, precisamente por la presencia de los cascos azules, cerca de 250 mil kosovares de origen serbio han tenido que huir dejando sus hogares, sus trabajos y sus tierras y quedan todavía cerca de 200 mil muy peligrosamente amenazados por los albano-kosovares. La ciudad modelo en este sentido es la norteña Mitrovica, que no descarto que destaque por noticias de matanzas en los próximos días pues, en la parte norte de la ciudad, viven 40 mil kosovares de origen serbio, al sur, unos 80 mil de origen albanés, sólo los separa el río Íbar y, gracias a la educación que han recibido de sus explotadores durante siglos, se odian a muerte.

Los instigadores inmediatos de la independencia de Kosovo, es decir, los países poderosos de la Unión Europea, han anunciado ya que enviarán inmediatamente 3 mil civiles en misión de buena voluntad a garantizar el orden y la paz en Kosovo. ¿Quién los va a contar? ¿Quién garantiza que serán 3 mil y no 30 mil o muchos más? ¿Quién asegura que serán civiles y no militares o policías vestidos de civil que en realidad van a reprimir cualquier brote de inconformidad incluso hasta las que surjan de los mismos albano-kosovares cuando caigan en la cuenta de que fueron engañados?

Ya se frotan las manos los hombres de negocios que van a aprovechar la oportunidad y el amparo de esos “civiles” de buena voluntad, pero ¿van a resolver el problema del empleo los poderosos empresarios? Sólo en la medida en que necesiten mano de obra asalariada para obtener ganancias. No más allá. No obstante, están sumamente interesados en llevarse para sus fábricas los 15 mil millones de toneladas de carbón que posee Kosovo, así como sus importantes reservas de oro, níquel, plata y cromo, las cuales, según palabras de un avispado negociante, “podrían ser muy superiores a lo esperado”.

Reitero y termino. La independencia de Kosovo no es más que una nueva oportunidad de aumentar las ganancias de los capitalistas europeos y estadounidenses. La libertad y la felicidad de los albano-kosovares y sus hijos les importan un bledo. En estos tiempos, la venta de sus mercancías clama por nuevos mercados y sus empresas necesitan más materias primas. Todo ello sin descartar que muy pronto Kosovo pueda ser una nueva base de tropas y misiles que amenacen a Rusia, Irán y Siria. Por esas elementales razones, aun en medio de la euforia, se han colado informes que indican que el imperialismo se ha cuidado bien de que su nueva adquisición no tenga ni voz ni dientes: Kosovo independiente no será aceptado en la Organización de las Naciones Unidas ni podrá tener sus propias Fuerzas Armadas. Independencia, pero poquita. Lo dicho, Kosovo se cambia de jaula.

 



 

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