2008, el año que no termina de nacer
Mario A. Campos
Ha transcurrido ya más de un mes de 2008 y el año no termina de nacer. La agenda política se mantiene dispersa y ningún actor ha sido capaz de tomar las riendas del debate nacional. Quizá se deba a una especie de calma previa a la tormenta. De ser así, lo que habríamos visto en las últimas semanas serían sólo los preparativos de algo más grande. Imaginemos qué.
En frente del gobierno panista, la mirada habría que colocarla sobre los cambios en el gabinete del presidente Felipe Calderón. Movimientos que en principio fueron leídos como la confirmación de la toma de poder del mandatario, con la designación de dos de sus más cercanos colaboradores -Ernesto Cordero y Juan Camilo Mouriño- en las áreas más importantes del gobierno: la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) y la Secretaría de Gobernación (Segob), respectivamente.
Acción que para algunos analistas significó el inicio de la partida sucesoria pero que para otros implicó la señal de que vendrían nuevas formas y nuevos contenidos en la manera de ejercer el poder. Y es tiempo que aún no sabemos si es así. El cambio en la forma en Gobernación ha sido claro. Desde su presentación en sociedad -con una rueda de prensa y un rol de entrevistas por medios electrónicos- hasta su conferencia como cabeza del gabinete de seguridad, el secretario Mouriño ha mostrado un peso político distinto, no sólo al de su antecesor, sino entre los otros miembros del gabinete.
Pero este cambio en las formas no ha terminado de mostrar su significado en el fondo. Tal vez la reunión del pasado martes 5 entre el presidente Calderón y los priístas Beatriz Paredes y Emilio Gamboa, sea parte del nuevo proyecto pero todo indica que habrá que esperar a ver los alcances del nuevo estilo de gobierno. Más aún en el caso de la Sedesol pues, al menos públicamente, no se nota una diferencia entre el actual titular y su antecesora Beatriz Zavala.
Pero si esto ocurre con los panistas, también vale la pena echar un vistazo a lo que ocurre con los integrantes del Partido de la Revolución Democrática (PRD). Enfocados en la renovación de su dirigencia nacional en la primera quincena de marzo próximo, los integrantes del PRD no terminan por definir una agenda clara de cara a la opinión pública y al resto de la clase política. La excepción quizá sea la apuesta por el NO, de Andrés Manuel López Obrador, que con toda claridad ha mostrado que su oposición a cualquier reforma en materia energética será la bandera que enarbole durante 2008.
“O son patriotas o son traidores a México” ha dicho el ex candidato presidencial con su habitual talento para simplificar los debates nacionales, y con ello polarizar a favor de su causa. En esa ruta ha intentado subir a otros actores políticos, casi con éxito, de no ser por el correctivo que se puede suponer realizó Germán Martínez, líder nacional del PAN, al senador Santiago Creel, quien ya había aceptado debatir con López Obrador, y con ello construir un foco de atención nacional.
Corregido el panista volvimos al estado actual en el que ningún actor ha sido capaz de colocar los reflectores donde le interesan. Ni siquiera -esto es bueno, por supuesto- han hecho su aparición otros grupos, como la guerrilla y el narco, que también en otros momentos han actuado con toda la intención de marcar la agenda pública. La violencia ahí está, es cierto, pero no con mensajes políticos.
Claro que esta dispersión en la agenda puede cambiar muy pronto. Al momento de escribir esta columna tienen lugar las negociaciones entre panistas, priístas y perredistas rumbo a la renovación del Consejo General del IFE. Siendo así, es probable que cuando usted lea este artículo ya sabremos si los tres principales partidos políticos fueron capaces de llegar a un acuerdo, o si nos encontramos frente a una nueva crisis de legitimidad ante la ausencia del PRD -y el resto de los partidos- en la construcción de la nueva institución.
A ese tema, seguirá la eventual presentación de la propuesta de reforma energética, tema que alimentará el debate y las manifestaciones de los diversos actores involucrados. Ya veremos entonces si la atención nacional vuelve a enfocarse en pocos temas tal y como ocurrió en 2007 con asuntos tan importantes como la reforma al sistema de pensiones, la fiscal, la electoral o la nueva estrategia del gobierno federal de combate al narcotráfico.
De ser así, veremos si el tiempo de preparación de cada actor y el relativo silencio que les ha acompañado este año adquieren sentido.
|