El interés, detrás del futbol americano
Brasil Acosta Peña
El capitalismo moderno, conocedor de las causas que generan la pobreza en el mundo del cual es dueño y sabedor también del riesgo que sobre su propia existencia se cierne, en caso de que las masas descubran que la extracción de la plusvalía y su apropiación privada sin un mecanismo de distribución justo de la misma, es la causa de la explotación mundial, cuyos efectos hacen que la miseria, con sus horrores y sus desgracias, se pose con su negro manto sobre los hogares de millones de almas en el mundo, ha buscado, por todos los medios que tiene a su alcance, los cuales, por cierto, no son pocos, “alimentar de humo” (como dice la poesía de Neruda: Oda a la Pobreza) los cerebros de la gente, con el claro fin de esconder lo que en la realidad sucede y garantizar su dominación, sumergiendo a las clases pobres en su ignorancia.
Ejércitos de sicólogos, especialistas en marketing, economistas, agentes de ventas, comunicólogos, etc., todos ellos egresados de las mejores universidades del mundo, son contratados por las clases capitalistas, los ponen a trabajar y hacen gala de su destreza, poniendo en juego todas sus capacidades para distraer la atención de la gente, desarrollándole un nivel de preocupaciones pobre y frío, que dista mucho del que un ser humano en toda su extensión podría alcanzar: un hombre preocupado por su entorno y, sobre todo, por acabar con las injusticias cometidas en contra de otros seres humanos como él.
De esta forma, en los Estados Unidos, justo en los tiempos en que se puede producir una crisis de titánicas consecuencias, este ejército al que nos referimos, hace uso de sus facultades distorsionadoras de la realidad en las mentes de los individuos de la sociedad más consumidora del mundo, para crear una serie de preocupaciones, reales por su forma pero virtuales por su contenido: la necesidad de ver y disfrutar consumiendo las “enriquecedoras” escenas del “Súper Tazón de futbol americano”.
Varias fuentes periodísticas hacen alusión al tema y llama la atención la forma precisa en la que han cuantificado el nivel de consumo en el llamado “súper domingo” en el que se realiza el esperado encuentro de futbol americano. En efecto, se dice, por ejemplo, que por este motivo se realizan más reuniones familiares y de amigos que ni el día de acción de gracias, ni la Navidad misma. Es el día en que se consume la mayor cantidad de alimentos en todo el país. Según la FDA, organismo encargado del estudio de la alimentación y las drogas, antes y después del partido, los norteamericanos consumen 14 mil 500 toneladas de papas en todas sus versiones; 6 mil toneladas de totopos, 4 mil toneladas de palomitas de maíz y 3 mil 500 toneladas de aguacate en guacamole.
Como es de esperarse, los malestares estomacales en el “súper lunes”, si se me permite el término, es decir, al día siguiente del encuentro deportivo, las ventas de antiácidos se incrementan en un 20 por ciento. Además, el 6 por ciento de los empleados estadounidenses se reporta enfermo a su trabajo para no asistir.
También las relaciones de la familia nuclear se ven afectadas por este acontecimiento: el día del “Súper Tazón” es cuando menos bodas se celebran en los Estados Unidos (Reforma).
De esta manera, es decir, manteniendo a millones de cerebros frente a un televisor, bebiendo cerveza, comiendo papitas, totopos y guacamole, y zampándose ráfagas de anuncios comerciales, el capitalismo logra mantener a la sociedad sumida en la ignorancia y en el desentendimiento, a pesar de ser una sociedad con preparación académica en general.
Si a esto agregamos el alto contenido militar que el juego del futbol americano tiene, en el que vemos un “mariscal de campo” y líneas de ataque (ofensiva y defensiva), etc., comprendemos que la guerra en Irak puede ser entendida como parte de un juego rudo cuyo “mariscal de campo” es el interés de las clases poderosas.
Así, millones de cerebros inteligentes pierden horas y horas frente a la televisión; lo cual se traduce en horas de trabajo improductivo, que la sociedad norteamericana y mundial pierde, lamentablemente, horas que, bien empleadas, podrían generar una riqueza inmensa para el beneficio de la humanidad misma. Pero no. Eso no es lo que le conviene ni interesa a las clases gobernantes, lo verdaderamente “importante” es el control de la mente de la gente, el gran negocio que en torno al juego se sufre y, como consecuencia, el poder perpetuar al capital en beneficio de la minoría que concentra la riqueza creada por el trabajo ajeno con ayuda de este tipo de eventos.
Ésta es la clase de aberraciones que el sistema capitalismo ha desarrollado como el máximo ideal que el hombre puede alcanzar; ésa es la sociedad de “libre pensamiento” que tanto se anuncia como la única buena posible.
Los obreros mexicanos deben tomar lección de este tipo de conductas deformadoras de la conciencia y promover, en vez de una sociedad de consumo, una sociedad socialista en la cual sean la cultura, la ciencia y el interés por el bien de los demás, los cimientos sobre los cuales se construya al hombre verdaderamente nuevo y no al hombre actual: atado de manos y pies, a los lazos invisibles del control capitalista.
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