Argumentos lunáticos
Lorenzo Delfín

”La marea alta, provocada por la atracción de la luna, provocó que el agua de los ríos de Tabasco no pudiera desembocar…”.

No es ésta una versión surgida de algún charlatán común, de los muchos que abundan en busca de incautos que sacien sus urgencias económicas; no es tampoco de un aprendiz del “Brujo Mayor” de Catemaco… es la versión oficial que sobre la desgracia sufrida por los habitantes de Tabasco dio el ciudadano Presidente de la República de los Estados Unidos Mexicanos, Felipe Calderón Hinojosa.

Pareciera (“lo que parece, es”) que el mandatario, con esta justificación que haría carcajearse hasta al mismo Isaac Asimov, que para ficciones se pintaba solo, busca solamente ocultar las verdaderas causas de la inundación en aquella calurosa, festiva y próspera entidad.

Lo cierto es que las razones más creíbles, porque son soportadas en hechos y argumentaciones técnicas, van por otro lado y ponen en evidencia (en un país de justicia genuina, hasta de rodillas) a una legión de funcionarios públicos que provocaron pérdidas patrimoniales multimillonarias y de vidas en Tabasco.

Resulta que desde el inicio del régimen de Vicente Fox (otra vez Vicentito), se ordenó a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) disminuir la generación de energía eléctrica en las cuatro presas hidroeléctricas más importantes del sureste: Malpaso, La Angostura, Chicoasén y Peñitas, que integran el complejo hidroeléctrico del Río Grijalva, que atraviesa Tabasco y su capital, Villahermosa.

El fin perverso: permitir la entrada de compañías privadas, en este caso extranjeras como Iberdrola, Fenosa y Mitsubishi, en la generación de energía eléctrica y su posterior venta a la misma CFE.

Así, la paraestatal generadora de electricidad adoptó como suyo el plan maligno de la anterior administración federal panista, que de manera comedida continúa Felipe Calderón. Sin sustento técnico, la CFE “sacrificó” su función para comprar a los inversionistas privados el 31 por ciento de la electricidad que se consume en todo el país.

He aquí que con la obsequiosa disposición foxista, y ahora calderonista,  a las presas en cuestión, deliberadamente, se les limitó el desalojo de aguas para reducir, como se había ordenado, la generación del fluido eléctrico.

Para infortunio de los tabasqueños, fue la presa Peñitas la que paulatinamente se saturó de agua, a pesar de las múltiples alertas sobre un eventual desbordamiento que se traduciría, como sucedió, en un enorme perjuicio para la población.

La explicación generalizada, fuera de los círculos gubernamentales, es que el manejo de la situación fue total y absolutamente irresponsable: la presa Peñitas bajó su generación eléctrica en 66 por ciento, por lo cual se provocó la acumulación de agua por encima de sus niveles máximos de seguridad.

Hasta octubre del año pasado, Peñitas operó a un 30 por ciento de su capacidad, mientras las torrenciales lluvias contribuyeron a que su nivel aumentara peligrosamente, lo que equivalía a un inminente desbordamiento. El día 12, la presa se encontraba saturada; hasta el día 25, los operadores de la presa recibieron 15 avisos de condiciones climatológicas adversas, que presagiaban el desastre si no se tomaban providencias. Las lluvias aceleraron el aumento del almacenaje en la presa. A pesar de ello, el desalojo de las aguas continuó con lentitud.  Los reportes de alerta fueron igualmente ignorados y caprichosamente se mantuvo la baja turbinación.

Fue hasta el día 29, cuando el nivel de las aguas de Peñitas se encontraba a tres metros de su límite de seguridad, que la CFE ordenó abrir de golpe las compuertas para desalojar más de dos millones de litros por segundo. En unas cuantas horas el inmenso caudal llegó, vía el Río Carrizales, a Villahermosa, que en media hora fue literalmente sumergida, hasta en dos metros, sin previo aviso a la población.

Si fuera cierta la aseveración presidencial y si nuestro satélite tuviera la posibilidad de reclamar semejante imputación, ningún presupuesto nacional alcanzaría para cubrir los daños por difamación.

 

 

 

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