Ecología light
Azucena del Campo

Hace unas semanas, buscando materiales para mi colaboración semanal en la revista buzos, me encontré con una especie de compendio de las grandes personalidades del mundo, que se desvelan en la defensa de nuestro medio ambiente. La lista de notables me sugirió la idea de decirles a mis lectores que considero esa posición más o menos hipócrita, que en realidad ninguno es radical, es decir, ninguno va a la raíz del problema de la destrucción brutal y sistemática que sufre nuestro planeta y que, por tanto, con esas recomendaciones ni se va a salvar la tierra, ni se va a preservar la humanidad.

Quise esperar a encontrar algún material adecuado para sustentar mi punto de vista, y ya casi había olvidado el tema, cuando aparecieron algunas notas periodísticas dando cuenta de que, en el mes de diciembre pasado, se había derogado el decreto que condonaba el pago por las descargas de aguas residuales (cochinas, para todos los que no manejamos la terminología especializada); que la Cámara de Diputados había modificado la Ley Federal de Derechos y que, en consecuencia, a partir de este mes de enero, empresas y gobiernos municipales deberían pagar a la Federación por las descargas que generan. La información que acompaña a la noticia es útil porque pone ante los ojos la que es, con mucho, una de las mayores fuentes de contaminación, sus volúmenes comparativos y, más importante todavía, la resistencia de quienes provocan la destrucción del planeta a contenerse y preservarlo.

La honrosa lista de ecologistas está encabezada por Albert Arnold Gore, Jr., 45º vicepresidente de Estados Unidos quien, junto con William Clinton, estuvo al frente del mayor productor de contaminación mortal en el mundo durante ocho años, desde el 20 de enero de 1993 al 20 de enero de 2001, y quien se ha convertido en el más notable y publicitado adalid del combate contra el calentamiento global del planeta llamado Tierra. No creo que una incongruencia tan gigantesca, haber sido el sublíder de los contaminadores del mundo y saltar de repente a ser el líder de los defensores del medio ambiente, necesite de otros argumentos para hacer a un lado sus prédicas, basta tener un poco de información, dos dedos de frente y no defender los intereses de las clases dominantes.

Le seguían en menciones artistas famosos como Miguel Bosé, George Clooney (que malgasta su apostura), Robert Redford (que ya se le acabó), Susan Sarandon, el grupo Maná (que ha encontrado forma de darse a conocer), Bono (que en este terreno no canta mal las rancheras) y algunos otros que no menciono en aras de la brevedad. Todos ellos defienden uno u otro aspecto de la destrucción del planeta, ninguno expone el problema tal como es, ni propone soluciones auténticas, quién se refiere a técnicas de pesca destructivas, quién a la protección de las tortugas marinas, quién a la publicidad de autos híbridos; como que más bien defienden a ciertas empresas y exhiben a otras, los veo como instrumentos de la guerra comercial.

Dice el tal Albert Gore en una de sus declaraciones que han dado la vuelta al mundo: “Para resolver la crisis climática tenemos que llegar a miles de millones de personas y comenzar un proceso de comunicación que las movilice”. Bájale la espuma a tu chocolate güero, no te contorsiones, no es para tanto. La verdad, la monda y lironda, sin querer engañar a nadie, es que no hay que “movilizar” a tanta gente, sólo habría que convencer a unos cuantos, a un puñadito de ricachos que son los que se llevan la parte del león de la producción del mundo entero. Vivimos en el capitalismo, sistema brutal en el que el móvil único de la producción es la ganancia; todo, absolutamente todo en aras de la ganancia, por eso y no por otra cosa se destruye todos los días el único hogar que tenemos y, si no se acaba el sistema de la ganancia, la destrucción del mundo no tiene remedio.

Así las cosas, “convencer” aunque sea a unos cuantos, es tarea poco menos que imposible. No van a sacrificar sus ganancias ni un devaluado centavo, como queda de manifiesto con la resistencia que ya se arma ante el cobro de derechos por las descargas de aguas residuales. “Daniel Basurto, responsable de Práctica Ambiental de Lexcorp Abogados -en entrevista con el diario Reforma-, dijo que el cobro de derechos de descarga va a repercutir en la competitividad de las empresas”, o sea, les va a aumentar sus costos, o sea, amenazan con aumentar precios para no sacrificar ganancias. Es muy importante agregar que la nota de referencia precisa que las aguas residuales generadas cada año en los centros urbanos del país contienen 2.2 millones de toneladas de contaminantes, mientras que las aguas residuales generadas por las industrias contienen 9.5 millones de toneladas de los mismos, o sea, dicho en buen español, que la contaminación del agua en nuestro país no se origina en el lavadero de la señora de la azotea o en el excusado de una familia, como quiere hacer creer el tal Albert Gore cuando dice que hay que dirigirse a “miles de millones de personas”, sino en los chorrazos de agua contaminada que arrojan durante 24 horas al día, todos los días, las industrias cuyas monumentales ganancias se llevan unos cuantos. Así que serán muy artistas de la pantalla y estarán buenísimos para un encame, pero con su ecologismo light nos quieren tomar el pelo.



 

Anteriores de la autora:

Ha estallado la crisis

George Bush en Medio Oriente o cinismo ambulante

El capital y los dos polos de Bélgica

Pakistán. Crimen del imperialismo y gobierno

Argentina. Intervencionismo 2 Mercado Libre 0

Venezuela: Qué se perdió y por qué se perdió

Diciembre histórico

Con Cuba y con Fidel

La lucha de clases en Francia

Historia vieja: la ciencia mercenaria

Nueva Chechania

Buenas noticias en el mundo

Bolivia: embestida de la oligarquía y el imperialismo

Augusto Pinochet y Manuel Espino

Sudán: la matanza por petróleo, oro y agua

Una ojeada a la Turquía actual

Presencia y actualidad de la manipulación

El fracaso del imperialismo en el Medio Oriente