Capitalismo creativo
Brasil Acosta Peña

”Tenemos que encontrar una vía para lograr que los aspectos del capitalismo, que sirven a la gente rica, también beneficien a los más pobres. Me gustaría llamarle a esta idea capitalismo creativo”, dijo uno de los hombres más acaudalados del mundo, Bill Gates, ante el Foro Económico Mundial (de hombres de negocios) celebrado en Davos, Suiza. Indicó que las empresas, a la par con los gobiernos y las organizaciones sin fines de lucro, deberían trabajar en conjunto para frenar la pobreza mundial e impulsar más innovaciones tecnológicas para aquéllos que no tienen acceso a esas tecnologías.

La forma en la que se pretende “combatir” la pobreza es, por ejemplo, mediante la creación de una marca de productos de computación llamada Red, cuyas ventas estarán destinadas a formar un fondo que sirva para comprar y distribuir medicinas a los pobres. “Los productos de marca Red han generado 50 millones de dólares para el fondo en el último año; como resultado de esto -indicó Gates-, cerca de 2 millones de personas en África están recibiendo medicamentos que les están salvando la vida”.

Estos discursos llenos de flores, de grandes expectativas y de esperanzas renovadoras, son lanzados en Davos, mientras la revista Forbes publicó en marzo del año pasado que la riqueza del magnate de Microsoft alcanzaba los 56,000 millones de dólares, lo cual es un primer indicador que pone de relieve la falta de correspondencia entre lo que se dice y lo que se hace.

La gente pobre lo que necesita, en primera instancia, no son computadoras o tecnología, es decir, no necesita que las empresas dedicadas al negocio de la producción de computadoras creen productos baratos (cuya calidad será la peor) que más temprano que tarde vendan a los mismos pobres, mediante diferentes campañas publicitarias que les pinten “bonitas” las mercancías ofrecidas, extrayéndoles, de esa manera, parte de los recursos que los trabajadores generan para sus propios medios de vida.

¿Dónde se ha visto que el hombre se alimente de CPU´s o de pantallas de plasma, o bien, de circuitos integrados? La gente lo que necesita es comida, vestido, vivienda, educación de calidad y, ciertamente, debe tener acceso a la tecnología pero, por ejemplo, mediante un sistema de salud de primer mundo, gratuito y que garantice a la gente pobre acceso a un diagnóstico de calidad y medicamentos en cantidad suficiente y de buena calidad; escuelas perfectamente equipadas, etc.

Por ende, en principio, la pobreza no se reducirá mediante la venta de productos tecnológicos más baratos, pues arrancará a unos lo que les dará a otros, “distribuyendo la pobreza de manera equitativa”. ¿A eso le llaman capitalismo “creativo”?

Adicionalmente, ya se ha dicho muchas veces que ese tipo de fondos de apoyo a la gente pobre, que se usan, como se dice, para el reparto de medicinas, etc., deja intacta la causa de que la gente sea pobre, esto es, la injusta distribución de la riqueza generada por los trabajadores. La riqueza proviene del valor excedente generado por el obrero, pero que no le es remunerado por parte del capitalista, proviene de la plusvalía que se apropian los capitalistas en forma de ganancia a la hora de vender sus productos, razón por la cual hay magnates del capital como del que estamos hablando.

Entonces, darle medicinas a 2 millones de africanos para resolver sus males de pobreza y, además, de los recursos que se obtienen por la venta de computadoras de marca Red, significa querer darle una “aspirina” a un enfermo de cáncer para curarlo. Lo peor del caso es que esa “aspirina” no será “dada” sino “vendida”, lo cual confirma la voracidad y la “creatividad” del capital para mantener el statu quo y, por ende, lograr que sus inmensas ganancias sigan intactas e incrementándose, sin el riesgo de que los pobres se rebelen.

Como se ve, Bill Gates hace un llamado a los capitalistas del mundo para que generen marcas de productos baratos, que se vendan en el mercado, particularmente en los sectores de la población que hasta ahora “no tienen acceso a la tecnología”, es decir, los pobres, para que, con esos recursos, se le den “mejoralitos” a los más humildes del mundo.

Se trata, pues, de un mecanismo de reasignación de recursos, mediante el cual las clases capitalistas se sigan enriqueciendo con la aplicación de las leyes de la economía de mercado, mientras que se busca “homogeneizar” a los pobres del mundo, vendiéndoles mercancías baratas y repartiéndoles medicinas con las ganancias así obtenidas, apaciguando sus potenciales iras en contra del capital. En eso consiste el “capitalismo creativo”.

Mientras la creación de la plusvalía tenga un carácter social, pero su apropiación un carácter privado, todo intento “creativo” que busque “atenuar” las condiciones lacerantes en que están sumergidos millones de seres humanos en el mundo, fracasará, se topará con la pared y dejará intacta la esencia del mal. Si en realidad se quiere acabar con la miseria en el mundo, se debe distribuir la riqueza de manera equitativa (que no igualitaria) con la consigna de crear plusvalía, sí, pero cuya apropiación tenga un carácter social.

Como las clases capitalistas del mundo no lo harán de suyo, toca el turno a las clases trabajadoras, en particular a los obreros, retomar la bandera de la lucha y de la organización consciente con el fin de exigir esa distribución de la riqueza que se necesita. No es un “capitalismo creativo” lo que se requiere; sino, un socialismo renovado y distribuidor de la riqueza. La creatividad para su consecución deberá nacer de las clases trabajadoras organizadas.

 

 

 

Anteriores del autor:

La cultura de la corrupción

Reflexiones sobre el campo mexicano

2008, sin prosperidad para el obrero

Buenos propósitos...

El nuevo apostolado de la educación

Venezuela: Sí

Freno a la migración

La "democracia" y el mercado

El Premio Nobel de Economía

La pobreza del desarrollo

La economía positiva

Sobre el valor

El nuevo malinchismo

La legislación animal

El sueño americano

La reglamentación de la vida en el capitalismo

La conducta empresarial, reflejo de la conducta social

Naturaleza y pobreza

El colapso de la infraestructura capitalista

El doble carácter del trabajo (II)

El doble carácter del trabajo (I)

La protección legal de los intereses económicos