Vitus
Cousteau

El cine europeo, salvo contadas excepciones, es un cine de bajo presupuesto que basa su éxito en el contenido de las historias y en la calidad de las participaciones de sus actores. Aquí hay una diferencia importante, pues en la mayoría de las producciones del viejo continente no vemos lo que sí ocurre con las producciones de Hollywood, en las que los efectos especiales son la verdadera estrella de las cintas. El séptimo arte, si no queremos que degenere y ya no sea una expresión genuina de la capacidad artística de actores, directores, escritores y, en general, de todos los que intervienen en los filmes, diseñadores, escenográfos, etc., y se convierta en un espectáculo vulgar, de simple “entretenimiento”, sin contenido estético, sin que sirva de vehículo para sensibilizar la conciencia, la educación y el conocimiento de los espectadores, debe centrar sus creaciones en la capacidad interpretativa de los artistas y en la capacidad de los guionistas y realizadores para crear historias con hondura estética, de contenido social universal.

Tal vez esa debilidad de los filmes de bajo presupuesto, es decir, la falta de recursos como los efectos especiales sofisticados y costosos, se pudiera transformar en una fortaleza. Pero, para lograr esto, se requiere de realizadores y actores que utilicen su talento para presentar al público cinéfilo historias que logren reflejar con profunda calidad artística las historias.

Vitus es un filme hecho en 2005, en Suiza, que carece de los grandes despliegues tecnológicos; le apuesta más bien al talento, tanto del realizador suizo (Fredi M. Murer), como al de los actores participantes. Vitus es la historia de un niño “prodigio” que, a muy temprana edad, muestra una gran capacidad para el aprendizaje, especialmente el de la música. Es tal su capacidad, que al ser descubierta en una fiesta organizada por sus padres, un comensal de la misma le sugiere a la madre del niño genio que la capacidad musical de Vitus debe ser aprovechada y cultivada por maestros especialistas en el aprendizaje musical.

Vitus pasa los mejores momentos de su vida con su abuelo (Bruno Ganz, que demuestra en este filme lo que ha aprendido en su larga trayectoria como actor), quien, a diferencia de sus padres, le inculca una visión más humanista y con aspiraciones menos prosaicas. Vitus, claro está, se identifica plenamente con él. Al darse cuenta Vitus de la grave situación laboral de su padre y de la familia que vive de créditos, decide fingir un accidente que merma sus facultades intelectuales y artísticas, todo esto para lograr, mediante un plan, salvar a la familia utilizando en secreto sus dotes mentales para convertirse en un gran especulador de la Bolsa de Valores, acaparando una cuantiosa fortuna. Finalmente, él, ya adolescente, logra su propósito de convertirse en un gran concertista de música clásica.

Sin embargo, en esta historia, la familia es el centro de la problemática tratada. La clase trabajadora, el pueblo en general, el que sufre y el que podría, de forma organizada, enfrentar las políticas económicas y sociales de la clase de los potentados, que hunde cada vez más a las clases trabajadoras y las clases medias en la pobreza y el desempleo, no cuenta. Vitus, por tanto, no critica al mundo basado en las grandes injusticias sociales; no hay, por tanto, una perspectiva histórica de verdadero aliento progresista en este filme.

 

 

 

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