Premáticas de Quevedo
Ángel trejo
En sus premáticas o pregmáticas (leyes de jurisdicción local o bandos utilizados para normar usos y costumbres) Francisco de Quevedo Villegas hizo burla no sólo de los excesos de las autoridades gubernamentales de su tiempo (entresiglo XVI y XVII), sino fundamentalmente de los estilos, descuidos y abusos literarios de sus colegas poetas. Uno de sus blancos predilectos fue Luis de Góngora y Argote, el gran ultrabarroco del Siglo de Oro. Otros favoritos de su crítica de asalto criminal fueron los muchos poetas menores y poetastros que había en España por obra del desempleo y el sentido de clase caballeresco que los hidalgos se reivindicaban en la sede nacional del “imperio donde jamás se ponía el sol”. Los siguientes son dos ejemplos de la mordacidad y agudeza ejercidas por Quevedo para evitar frases, dichos y metáforas comunes.
En la Pregmática que este año de 1600 se ordenó, además de incluir una lista de frases hechas y “bordoncillos inútiles” (muletas), Quevedo hizo uno de los primeros ataques contra el metaforismo vulgar y los metaforeros que desde entonces (¡en pleno dominio de la versificación y la musicalidad literaria!) hacían poesía con base en el uso excesivo y supletorio del recurso analógico de las palabras:“Y quedan con este concierto que aquí adelante no finjan ríos sus ojos, porque no somos servidos de beber lagañas ni agua de cataratas: cada uno llore en su casa, si tiene qué, y muera de su muerte natural sin echar la culpa a su dama, que hay a veces más muertes en una copla que hay en año de peste, y después de habernos cansado, viven mil años más que por quien morían”.
Aún más severo fue en sus Pregmáticas del desengaño contra los poetas güeros, en las que además de ordenar “guardar” en la Semana Santa a éstos, a los poetas “chirles, públicos, hebenes y cantoneros”, como se hacía con las prostitutas en la Cuaresma, Quevedo determinó que sus coplas fueran quemadas para sacarles “todo el oro y plata” que contenían y que sus autores fueran marcados con estigma corporal para que la gente supiera quiénes eran, los castigaran y les agradecieran que no volvieran a escribir. El protofascismo de don Francisco sin duda era sólo de burla, pero con él quizás estaba previendo el notable éxito literario, social y político que muchos de los poetas güeros habrían de alcanzar en los próximos cinco siglos.
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