Ha estallado la crisis
Azucena del Campo
Si no habían sido suficientemente claras las variaciones negativas de los indicadores económicos que se habían registrado hasta ahora, la abrupta caída de la gran mayoría de las bolsas de valores del mundo, el lunes pasado, ya no podrá dejar a nadie en la incertidumbre: la crisis ha estallado. Una nueva crisis de ésas que no son ni fallas ni tropezones sino que son consustanciales al sistema de mercado basado en la propiedad privada de los medios de producción, que es un curioso sistema en el que el capital se invierte no para satisfacer necesidades sociales sino ambiciones personales de ganancia y en el que, por la misma razón, llegan a saturarse ciertas ramas en las que se genera un exceso de oferta que ocasiona que acaben por retirarse los capitales, se despida a la fuerza de trabajo, se reduzcan los niveles de consumo y se contaminen de sobreproducción nuevas ramas de la economía. La crisis del sistema capitalista es la paradoja de las mercancías que no se venden y las grandes masas que no consumen lo necesario o se mueren de hambre.
La crisis en curso en Estados Unidos, nombrada eufemísticamente recesión, se inició como una crisis de sobreoferta de casas. Durante algún tiempo, a los fabricantes de esta mercancía les pareció que la gente no sólo tenía recursos sino que estaba dispuesta a gastarlos en la compra de viviendas nuevas, tanto en lo que se refería a aquéllos que nunca habían tenido un inmueble propio, como a todos aquéllos que deseaban cambiar el que ya tenían. Actuando en consecuencia, unos capitalistas se pusieron a construir y a vender casas como locos, otros, asumiendo su papel, se pusieron a prestarles dinero a los ávidos compradores. Pasados algunos años de buenos negocios, el mercado de casas se saturó y abrumados por otros vendedores que también los acosaban, vendiéndoles sus mercancías, los deudores de las instituciones de crédito empezaron a dejar de pagar. Un banco que presta y no puede cobrar está en graves apuros porque no hay que olvidar que el banquero no presta su dinero sino el dinero ajeno que le depositan y que tarde o temprano le van a ir a reclamar. Muchos bancos han quebrado, otros están cerca y algunos más han tenido que aceptar dinero hasta de los chinos que, para Estados Unidos, durante mucho tiempo fueron poco más que el perro del mal.
La alegre venta de casas se ha desplomado en Estados Unidos, ahora casi ningún capitalista invierte en hacer casas para vender y casi ningún banquero quiere prestar dinero para ese fin y, en caso de atreverse, pide garantías inalcanzables. Los trabajadores de la industria de la construcción que ha llegado a ser uno de los motores de la economía estadounidense, que son muchísimos, se han quedado sin empleo, lo cual ha golpeado severamente el consumo, pues el capitalista siempre obtiene sus ganancias en forma de mercancías, mercancías que tiene obligadamente que vender para recoger su ganancia. Al bajar drásticamente el consumo, como pudo constatarse durante el reciente periodo de las ventas navideñas, que es el mejor del año, han resultado afectadas otras ramas de la economía que al no vender lo suficiente tienen que reducir su producción, reducir su personal y agravar con ello la falta de dinero para el consumo. Crisis generalizada.
¿Qué hacer? George W. Bush anunció a fines de la semana pasada una inyección de dólares a la economía, 145 mil millones para ser más precisos, la gran parte de los cuales iba a ser “devoluciones de impuestos” a los causantes por un promedio de 500 dólares para relanzar el consumo y volver a encarrerar a la economía. Muchos dudaron de la medida porque consideraron que con 500 dólares por persona no se iba a reactivar el consumo y otros porque dijeron que la gente no los iba a usar en consumir más sino en pagar deudas. Como quiera que sea, el caso es que todavía nadie cobraba sus 500 dólares cuando se desplomaron las bolsas de valores del mundo (menos la norteamericana, que ese “lunes negro” no había abierto).
¿Qué más hacer? La Reserva Federal de Estados Unidos que funciona como Banco Central acordó rebajar la tasa de interés base de 4.25 por ciento a 3.25 por ciento, es decir, 0.75 por ciento, la mayor disminución de un solo golpe en los últimos 20 años. ¿Y esto para qué? Para que abaratando el dinero se fortalezca la inversión. Pero, ¡lástima Margarito! la inversión no se va a fortalecer porque la causa de que haya bajado no es la existencia de dinero caro, sino la falta de capacidad de consumo, de dinero, por parte de los consumidores. Y el crédito, en un entorno de consumidores que no pueden pagar ni sus casas ni sus tarjetas de crédito, no va a fortalecer el consumo y menos la compra de casas. Total, hallar la cuadratura del círculo.
En efecto, eso son los intentos del sistema de mercado por escapar de las crisis. No hay forma. Ahora hasta los panegiristas más enjundiosos del sistema aceptan que está en una “recesión”, es decir, aceptan que debido a la reducción de la producción o de plano al cierre de empresas, o sea, la crisis, Estados Unidos va a crecer menos que los años anteriores; en lo que todavía no logran ponerse de acuerdo es en qué tan profunda, grave y devastadora va a resultar la crisis. Todo lo cual viene a ratificar la idea de que Estados Unidos está hambriento de nuevos y más frescos mercados para colocar sus mercancías y, en consecuencia, hace más probable que a los yanquis se les meta en la cabeza desatar una nueva guerra, tanto por mercados, como porque siempre la industria bélica ha sido un buen recurso para salir de las crisis. No se puede anunciar, pues, tranquilidad para los hombres y mujeres buenos del mundo.
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