George Bush en Medio Oriente o cinismo ambulante
Azucena del Campo
George W. Bush se fue de gira al Medio Oriente. Fue a presentarse, como arrogante insulto, a Irak y hasta a Palestina. Desde el miércoles 9 de enero, el Presidente de Estados Unidos emprendió un ambicioso viaje por varios países con el propósito de reforzar la dominación norteamericana y, consecuentemente, los negocios del imperialismo en esa importante región del mundo. Resulta interesante comentar su periplo porque vuelve a proporcionarnos lecciones elocuentes de cómo razonan los poderosos del planeta, cómo quieren imponer lo que no hacen ni van a hacer jamás, cómo son insolentes, altaneros y descarados.
Dijo George W. Bush en Abu Dhabi: “Irán es el líder mundial en la promoción del terror… envía cientos de millones de dólares a los extremistas alrededor del mundo mientras su propio pueblo encara la represión y las penurias económicas”. Debe notarse, en primer lugar, en esta lapidaria declaración, cómo el Presidente norteamericano vuelve a acusar amenazante, como lo hizo con Irak en su momento, arrogándose el derecho de decir a escala planetaria quiénes son los buenos y quiénes son los malos. Eso se llama prepotencia. Notarse, en segundo término, la escandalosa incongruencia del Presidente de un país que tiene tropas desplegadas en buena parte del planeta y que sólo por estos días (para no repasar su historia de crímenes) organiza matanzas cuyas víctimas reales permanecen desconocidas para el mundo, en Afganistán y en Irak. ¿Es George Bush el indicado para alertarnos acerca de quién es “el líder mundial en la promoción del terror?”. Sí, chucha.
Pero hay todavía más material para identificar la calidad moral de quien quiere advertir al mundo del peligro que representa Irán. George W. Bush fue al Medio Oriente a vender armas. Les prometió a varios países árabes aliados suyos que les va a vender casi 20 mil millones de dólares en armas. Los dueños de las fábricas que producen el armamento y todos los periféricos que lo acompañan, están felices. Y para que Israel, que es más su favorito, porque para Estados Unidos hay peones y más peones, no fuera a sentirse lastimado, le ofreció que a los países árabes no les vendería armamento de la última generación y que a ellos, a los israelíes, les renovaba la promesa de seguirlos apoyando con un programita emergente por 30 mil millones de dólares. Todo ello encuadra perfectamente bien en lo que comúnmente se conoce como desvergüenza.
Hay todavía más que comentar. Muchos sabemos que el discurso de George W. Bush y los imperialistas tiene a la democracia como uno de sus ejes fundamentales. Si eres democrático, eres de los buenos, si no eres democrático, eres ojo de pancha. Puesto que el imperialismo moderno ha encontrado en la democracia la forma de Estado por excelencia para esconder la dictadura de la burguesía, ha elevado a la democracia burguesa a la categoría de único sistema justo y verdaderamente humano. No obstante, eso no constituyó ningún obstáculo para que se encontrara y pactara y hasta diera saltitos al ritmo de la música tradicional con reyes que nada tienen de democráticos, ni saben con qué se come tan exótico platillo, como el Rey de Arabia Saudita. Más aún, congruente con su espíritu democrático, que por supuesto, implica la pluralidad y la tolerancia, Bush proclamó en Jerusalén que estaba muy de acuerdo con que Israel fuera un Estado judío.
Todas estas lecciones anduvo dando George W. Bush por el Medio Oriente. Pero dio más todavía. Increíblemente. Instó al pueblo iraní -desde Abu Dhabi, porque a Irán no fue- a afirmar su “derecho de vivir en un régimen que escuche sus reclamos, respete su talento y le permita construir una vida mejor para sus familias”. Las reconvenciones del Presidente norteamericano al régimen iraní se hacen en momentos en que en Estados Unidos, el modelo de justicia que defiende George W. Bush, existe la amenaza inminente de que cientos de miles, quizá millones de personas, sean arrojadas de sus viviendas por retraso en sus pagos; en un momento en que la tasa de desempleo registró su mayor incremento de un mes a otro desde el año 2001, y en un momento en el que el consumo personal se ha desplomado porque la gente no tuvo dinero suficiente para sus compras de Navidad. Pero no nos metamos en minucias, se hacen cuando en Estados Unidos, la catedral de la democracia y la justicia social, la patria del que anda impartiendo lecciones de humanismo por el mundo, las 300 mil personas más ricas se quedan con el 48.5 por ciento de la riqueza nacional y concentran en sus bolsillos lo mismo que 150 millones de estadounidenses. El colmo del cinismo.
Nadie debe sorprenderse de tamañas incongruencias. León Trotsky escribió ya hace algunos años que “la moral es producto del desarrollo social; que no encierra nada invariable; que se halla al servicio de los intereses sociales; que esos intereses son contradictorios; que la moral posee, más que cualquier otra forma ideológica, un carácter de clase”. George W. Bush, en consecuencia, lo único que anda haciendo es defender los intereses de su clase. Nosotros, lo que tenemos que hacer, es defender los intereses de la nuestra.
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