Dos ejemplos de cine latinoamericano
Cousteau
Tuve oportunidad de ver recientemente dos filmes del cine latinoamericano actual, dos coproducciones. Una argentino-alemana, El custodio; la otra, mexicano-española, Los sultanes del sur. Además de ser películas con capital, actores y directores latinoamericanos, coinciden en que las dos historias narradas se desarrollan en Argentina. Sin embargo, la temática abordada es distinta, el estilo narrativo también y, sobre todo, el trasfondo que se intenta tocar en cada una de las cintas marca finalmente la diferencia fundamental entre ambas. La argentina es más profunda e intenta hacer una crítica social. La mexicana se queda en una historia de acción sin mayores pretensiones.
Contrastar las dos cintas, sencillamente, es un ejercicio para mostrar el nivel del cine latinoamericano que se desenvuelve en un mercado cinematográfico muy competido y en el que las cintas se miden con el cine norteamericano y europeo que dominan casi totalmente el horizonte fílmico mundial. El custodio (2006), dirigida por el premiado director argentino Rodrigo Moreno, se centra en la vida del guardaespaldas de un ministro del gobierno argentino. Con un muy bajo presupuesto, Moreno dirige a Julio Chávez, quien encarna al custodio, un personaje que prácticamente no habla en la cinta -lo cual es algo bien planeado por el realizador-; con esto, intenta que el espectador, a través del personaje principal, se convierta en una especie de observador de la vida del ministro, y va sufriendo paulatinamente una acumulación de resentimiento en contra de la forma de vida del ministro. Rubén, el guardaespaldas, sufre cotidianamente las humillaciones propias de un sirviente entrenado para proteger a un hombre de la alta burocracia gobernante; su papel es mantener siempre una actitud de discreción ante las infidelidades del ministro a su esposa, ante los caprichos de la hija de éste y ante los desprecios de los amigos del alto funcionario.
Y a esto se le suma una vida familiar agobiante. El resultado final es que Rubén termina por asesinar al ministro en un momento en que la insatisfacción y el resentimiento llegan a su clímax.
Los sultanes del sur (2006), dirigida por el realizador mexicano Alejandro Lozano, es la historia de cuatro delincuentes que roban en la Ciudad de México, con métodos sofisticados y con la aplicación de un plan muy bien elaborado y ejecutado, 12 millones de dólares. El plan les permite llegar a Buenos Aires, mas, al intentar cambiar los dólares por pesos argentinos con la ayuda de la mafia de ese país, sufren un supuesto robo del botín. Leo (Jordi Mollá), el líder de la banda, es asesinado por El Tejano (Celso Bugallo) -jefe de un grupo mafioso de Buenos Aires-, quien, al ver que se le va de las manos la fortuna robada, obliga a los otros dos, mediante el secuestro de Mónica (Ana de la Reguera), integrante del grupo de asaltantes, a buscar el dinero robado. Pablo, el jefe de la policía de Buenos Aires, es el autor del robo y enemigo de El Tejano. Sánchez (Tony Dalton), quien busca liberar a Mónica, se enfrenta al corrupto jefe de la policía bonaerense para tratar de obtener el dinero. La trama, sin embargo, nos lleva a un desenlace un tanto inesperado, pues Leserio, el más “taimado” de los asaltantes, urdió su propio plan para quedarse con los 12 millones de dólares, lo cual logra sin sufrir ni un raspón.
Los sultanes del sur y El custodio son películas de poco éxito comercial, no tanto por las actuaciones de los integrantes de los elencos o por la dirección de los realizadores, sino porque son producciones de muy bajo presupuesto. ¿Cómo competir contra las grandes superproducciones, si los filmes latinoamericanos apenas invierten 2 o 3 millones por película?
|