La mordaza panista
Álvaro Ramírez Velasco

Con la llegada del Partido Acción Nacional (PAN) a la Presidencia de la República en 2000, comenzó la aplicación de toda una serie de mordazas a periodistas críticos, principalmente de radio.

La primera víctima fue Paco Huerta, quien luego de casi tres décadas de dirigir el concepto radiofónico Voz Pública en distintas radiodifusoras a lo largo de ese tiempo, fue sacado del aire de las frecuencias de Radio Fórmula en 2004, por órdenes de Marta María Sahagún Jiménez, esposa del entonces presidente Vicente Fox Quesada.

Voz Pública, emisión que abrió desde los años 70 el micrófono a los ciudadanos para que expresaran su pensamiento político, no fue del agrado de la entonces primera dama, que luego de varios intentos logró sacar a Paco Huerta del aire el último día de octubre de 2004; el periodista moriría unos meses después, a finales de enero de 2005.

Como despedida del sexenio, Fox también aplicaría la mordaza a Monitor, de José Gutiérrez Vivó, quien más allá de sus deleznables prácticas como patrón, es un pilar de la libertad de expresión en México.

Fox y Marta María apretaron a Gutiérrez Vivó con la soga del dinero, pues pidieron a los anunciantes de la Iniciativa Privada que no invirtieran en sus espacios, a pesar de que lideraba en el cuadrante, bajo el argumento de que era “perredista”. Nada más falso, pues José Gutiérrez Vivó no sólo no milita en la izquierda, sino que además no comulga con esa ideología. De hecho, es uno de los comunicadores más conservadores y de derecha, en sus actitudes diarias, formación familiar y personal, que yo conozco.

Gutiérrez volvió al aire y sigue con su litigio contra Radio Centro, por una demanda de incumplimiento de contrato, por más de 25 millones de dólares; sin embargo, sus empresas están heridas, aparentemente, de muerte por la falta de liquidez.

Pero la mordaza que los panistas buscan imponer a los comunicadores críticos no terminó con Fox, sino que ha ido creciendo. Ahora, el gobierno de Felipe de Jesús Calderón Hinojosa también ha dado un manotazo contra la comunicadora más influyente, plural e inteligente del país: Carmen Aristegui.

La salida de Aristegui de Radio W coincide con la sospechosa llegada del cuñado de Calderón, Juan Ignacio Zavala, a encabezar las operaciones del grupo español Prisa, copropietario de W Radio, en México.

Asimismo, muchos panistas nunca vieron con buenos ojos que Aristegui diera voz a Andrés Manuel López Obrador en la etapa del conflicto postelectoral.

Carmen, además, resultó incómoda para Televisa, pues fue crítica a la Ley de Medios que buscaba favorecer a esa empresa y aplaudió la reforma electoral que acabó con el negocio descomunal de las campañas en los medios electrónicos. También fue en su espacio en el programa Hoy por Hoy que se dio a conocer la grabación del caso Cacho-Marín y se dio seguimiento al caso de la anciana presuntamente violada por militares en Veracruz.

Una muestra más de su intolerancia e intención de amordazar a Aristegui la dieron los legisladores del PAN, cuando se negaron a aprobar una propuesta en el Congreso para invitar a los directivos de W Radio a una sesión de trabajo, en la que explicaran los motivos de la salida del aire de la comunicadora.

El PAN busca que México se parezca a la España franquista. Busca amordazar y desaparecer a todos sus críticos. Fascismo puro. ¿Quién sigue?

 

 

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