2008: la mirada exterior
Mario A. Campos

Hay años para mirar al interior de casa -como 2009 o 2012 en los que habrá procesos electorales en México- y años para  fijar la vista en el exterior; 2008 es uno de éstos. A lo largo de los próximos meses, los mexicanos -como el resto del mundo- tendremos la oportunidad de ver cómo se desarrollan dos grandes eventos en la esfera internacional. El primero, la elección del nuevo Presidente de los Estados Unidos de América, el próximo 4 de noviembre; el segundo, los Juegos Olímpicos de Pekín, China.

En el primer caso, la oportunidad viene acompañada de una obligación. Las causas son muchas y sólo para mencionar algunas vale la pena recordar que la mayoría de las exportaciones de nuestro país están dirigidas a ese país. Millones de compatriotas viven en aquella nación y, por si fuera poco, compartimos una intensa agenda que pasa por la seguridad, la migración y la influencia  cultural.

Razones más que suficientes para que estemos atentos a lo que ocurre al otro lado de nuestra frontera, con un interés particular que debe superar al del resto de las naciones del mundo.

Por eso es importante el seguimiento del proceso electoral estadounidense. Desde hace una semana -que inició formalmente la contienda-, y hasta principios de septiembre, la mirada debe estar puesta sobre los precandidatos de los dos partidos políticos, el Republicano y el Demócrata; etapa de la contienda que servirá para ir conociendo al futuro o futura Presidente del país más poderoso del mundo, y que también influirá en la exhibición y el modelado de la percepción que se tiene de nuestro país y la agenda común, ante los ojos del pueblo estadounidense.

La reflexión viene a cuento al escuchar los discursos de los aspirantes a la Presidencia, usualmente enfocados en la concepción de sí mismos -“somos el país más importante y merecemos un mejor destino”- y por ello, relacionados con temas que nos afectan directamente. El control de la frontera y la migración indocumentada; la protección de la economía, las empresas y los empleos en aquel país; la agenda en materia de seguridad; las políticas comerciales y, por supuesto, la política exterior. Temas todos estos que están presentes de manera permanente y que dicen mucho sobre cómo nos ven y qué podemos esperar en caso de que uno de ellos llegue -como llegará- eventualmente al poder.

Si al final de esta batalla gana la contienda un aspirante contrario a los intereses de nuestro país, o si llega a la Casa Blanca un mandatario más conveniente para nuestra agenda, será una decisión que en primera y última instancia sólo corresponde tomar a los ciudadanos estadounidenses; sin embargo, no podemos permanecer indiferentes ante este proceso pues su propio desarrollo nos debe servir para prever los posibles escenarios.

Si bien éste debe ser nuestro principal foco de atención en la agenda internacional, también debemos estar atentos al desarrollo de las Olimpiadas; en esta ocasión, por tratarse de un encuentro que trasciende por mucho el ámbito estrictamente deportivo y comercial. Lo que veremos en el verano de 2008 será la presentación con todo su alcance de la nueva China, nación que lleva varios años creciendo a más de dos dígitos y que se ha convertido en una de una de las principales naciones proveedora y consumidora de bienes.

Pekín 2008 será una demostración de la mayoría de edad de un país que está llamado a consolidarse como una potencia en todos los campos. Demostración que iniciará, de entrada, con un previsible éxito en lo deportivo.

Si bien nuestra clase política y mediática, acostumbra a enfocar su atención en los asuntos domésticos, los ciudadanos-consumidores de medios deberemos hacer un esfuerzo adicional por hacernos de las fuentes de información que nos permitan mantener la atención sobre estos dos importantes fenómenos.

 

 

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