2008, sin prosperidad para el obrero
Brasil Acosta Peña

El lema de campaña del actual gobierno de la República puso el acento en el empleo. Felipe Calderón dijo que sería “el presidente del empleo”. Sin embargo, con el paso del tiempo las cifras económicas publicadas por los organismos oficiales y no oficiales revelan que tal lema de campaña no ha sido cabalmente cumplido y, por si fuera poco, las predicciones para este año revelan que se estará muy lejos de alcanzar el nivel de empleo que México necesita para salir verdaderamente de su atraso social.

En vez de resolver el problema del empleo, los esfuerzos gubernamentales se han volcado hacia la “lucha contra la delincuencia” y hacia el desarrollo de programas “sociales”, los cuales se reducen a darle dinero a la gente pobre para que se lo gaste en las distintas mercancías generadas por el propio capitalismo, mientras públicamente se dice que “más gente ha salido de la pobreza”. Efectivamente, en el primer caso, vimos o fuimos víctimas de los distintos operativos militares en las calles de nuestro país sin que, a la fecha, se conozcan los resultados concretos de tales acciones, o una disminución drástica del crimen; en el segundo caso, como las Naciones Unidas establecen que un pobre se coloca debajo de la línea de la pobreza extrema si su ingreso es menor que un dólar al día, cosa por demás inadmisible, entonces, los programas en México se enfocan a dar aproximadamente el equivalente a un dólar diario, sujeto a una serie de reglas que garantizan un cierto control de la gente, y a decir que más mexicanos “han salido de la pobreza”.

Ahora bien, tomando en cuenta las predicciones de diferentes instituciones y organismos especializados, las cuales registran que el crecimiento en este año 2008 será menor que el de los dos últimos años y que apenas alcanzaría el 1.5 por ciento, podemos decir que el empleo que se prometió en campaña seguirá en lista de espera “hasta nuevo aviso”.  El freno en el crecimiento, según se dice, se debe a las presiones inflacionarias derivadas del aumento en los costos fiscales, en las gasolinas, en el transporte, en los alimentos y en las materias primas. Dichos aumentos elevan los costos de producción y, dado que los capitalistas aplican al pie de la letra la teoría de la máxima ganancia al menor costo, lo que harán es trasladar dicho aumento al precio de las mercancías. Así, el incremento en los costos de producción desincentiva la inversión y, por ende, la generación de empleos; mientras que, por otro lado, devasta los ya de por sí humildes bolsillos de la gente pobre.

¿Será 2008, entonces, un próspero año nuevo para los obreros? La respuesta es evidente y, por desgracia, inevitable: no. Y esto es así, puesto que la inmensa riqueza generada en nuestro país seguirá siendo distribuida inequitativamente y la nueva riqueza que se genere, con el escaso crecimiento que se pronostica, se distribuirá con igual inequidad. Por eso, las condiciones sociales actuales les dicen a los obreros y a los trabajadores de México, de varias maneras y con viva voz, que la solución a sus problemas y  a los males sociales que les aquejan no consiste en el simple cambio de colores partidarios en el poder, mientras los que gobiernen no representen los intereses de las grandes mayorías.

Sigue siendo vigente, por tanto, el planteamiento marxista de que “la liberación de la clase obrera debe ser obra de la clase obrera misma”, lo cual significa que, para poder salir del atraso social en que las clases gobernantes le tienen hasta los días que corren, y poder promover una distribución equitativa (que no igualitaria) de la riqueza, debe desarrollarse la conciencia, la unidad y la lucha obrera, para que, de esa manera, pueda destacarse de entre sus filas al próximo candidato a Presidente de la República, el cual, bajo la vigilancia de las clases pobres, cumpla con un programa preciso que tienda a garantizar la educación, la salud, la vivienda, el empleo, etc., de las clases humildes.

Éste sería un propósito posible de cumplir, aunque, por cierto, entraña un esfuerzo colosal; sin embargo, estaría sentando las bases para el desarrollo de una nueva sociedad socialista, haciendo a un lado los falsos propósitos que promueve la sociedad capitalista, los cuales, lejos de poderse realizar, manipulan la conciencia de los miembros de la sociedad y los dejan en su misma condición económica y social.

Por eso, las predicciones de mayor inflación y menor crecimiento de la economía deberían encender las luces de la conciencia obrera y fortalecer su unidad y la lucha para exigir un reparto más justo y equitativo de la riqueza generada con su esfuerzo, pero no retribuida por las clases capitalistas.

Seguir en espera de que un gobernante de cualquier partido de los que ahora existen “salga bueno” y ayude a los pobres, no sólo es una quimera: es una utopía; si no, júzguense los resultados en el empleo con el gobierno actual; lo que es más realista y posible es la unidad y la lucha consciente de los obreros, la cual cobra vigencia inaplazable en el contexto de una sociedad cada vez más concentradora de la riqueza y que augura, de seguir así, una pobreza cada vez más devastadora y generalizada.

 

 

 

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