Árbitro vendido
Álvaro Ramírez Velasco

Con el argumento de que no reúne las condiciones de ley para renunciar a su puesto como ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), PAN y PRI han vetado ya a Genaro David Góngora Pimentel para ser el próximo presidente del Instituto Federal Electoral (IFE), con lo que el país perderá la oportunidad de que un hombre de gran estatura moral y profesional encabece el organismo.

El argumento de priístas y panistas no es de todo cierto, pues si bien la Constitución señala que un ministro sólo puede renunciar a su encargo en la SCJN por “causa grave”, el significado de la palabra “grave”, en estricto sentido y de acuerdo con el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española es: “de mucha importancia”. Es decir, la posibilidad de la renuncia no implica necesariamente que un ministro esté enfermo o impedido para ejercer el cargo.

¿Acaso no es de mucha importancia la presidencia del IFE?; claro que es un encargo importantísimo para el país y de gran responsabilidad. Es grave, pues, y se justifica la renuncia de Góngora Pimentel a la SCJN. Así lo explicó él mismo cuando estuvo en San Lázaro para presentar su postulación a la presidencia del IFE, ante la Comisión de Gobernación de la Cámara baja.

Sin embargo, PRI y PAN no lo quieren por otros motivos, aunque claro, nunca lo reconocerán.

En el Revolucionario Institucional hay línea de los duros para rechazar a Góngora. Se ha impuesto ese sector que busca revancha contra él, porque fue de los pocos -cuatro ministros en total- que actuó con decencia y afirmó que el gobernador de Puebla, Mario Marín Torres, sí violó las garantías individuales de la periodista Lydia Cacho, cuando la Corte resolvió el caso, en el que finalmente se impuso el ala de derecha para exonerar al llamado góber precioso.

A esos priístas afines al marinismo les deberemos que una eminencia en derecho y un hombre honrado a toda prueba, no presida el IFE.

Por el PAN, las intenciones son otras: no lo quieren porque ellos buscan poner a alguien a modo. Ya les fue rechazada su propuesta de María Marbán Laborde, la titular del Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI), pero aún tienen otras cartas bajo la manga.

Sin embargo, no hay que engañarse o caer en el engaño. Los principales partidos de la Cámara de Diputados, PRI, PAN y PRD, quienes elegirán al nuevo presidente del IFE y a dos consejeros más, no están reparando en las cualidades de los 37 candidatos que quedan, sino en sus intereses.

Esa pasarela a la que se inscribieron más de 450 aspirantes fue sólo una farsa. Cada una de las fracciones tenía, desde antes de que empezaran las inscripciones de los candidatos, a sus favoritos.

Una vez más, nos han querido ver la cara, haciéndonos creer que se trata de un proceso  real de selección.
La elección de los tres nuevos consejeros, que tenía que haberse definido a más tardar el 15 de diciembre de 2007, pero que fue postergada por falta de acuerdos, será al fin realizada a principios de febrero de 2008, cuando dé inicio el periodo ordinario de sesiones en San Lázaro.

El resultado será el mismo: dos partidos se aliarán para dejar fuera a otro, y los consejeros electos llevarán un pecado original: el compromiso de servir a quien los puso ahí. De nuevo el árbitro electoral será parcial, sin duda.

 

 

 

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