Los problemas de don Felipe
Lorenzo Delfín
El gobierno federal, en estos instantes, habrá hecho sus ensayos y proyecciones y creerá que sus eternos y fraternos opositores pondrán en operación las “estrategias desestabilizadoras” que “tenían preparadas” para echarle a perder sus buenas intenciones de año nuevo.
Pero no. Si utiliza su prodigiosa memoria, ese gobierno se dará cuenta de que es él quien ha podrido su futuro anual porque de manera anticipada preñó sus propósitos para 2008 de medidas lunáticas para un país que se hace más brusco y difícil de conducir. Y es que, en su arrogancia, el ciudadano Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, hace oídos sordos al clamor popular de simplificar la distancia que existe entre la opulencia y la miseria.
Don Felipe Calderón Hinojosa debió recibir el año 2008 con la “novedad” de que tiene en puerta serios problemas que, insisto, no son nuevos, pero se supone deben estarle impactando… y si no le conmueven es porque se figura que el ejercicio del poder es vacuna suficiente.
Los apuros del país para este año nuevo ya estaban etiquetados, como el aumento de precios en combustibles y su consecuente efecto en los precios de consumo básico.
Aparte de este gasolinazo para 2008, que tendría consecuencias funestas en un país que se radicalizaría cuando le tocaran el bolsillo, pero que a los mexicanos se les ha dosificado por su docilidad, el ciudadano Presidente tiene, además, en el umbral un aprieto mayúsculo llamado TLCAN (Tratado de Libre Comercio entre México, Canadá y Estados Unidos, eufemística y engañosamente trastocado en Tratado de Libre Comercio de América del Norte).
Es así como, el ilustre mandatario mexicano pudo interpretar que la protesta de decenas de campesinos efectuada el 1° de enero en la frontera entre México y EE.UU. para rebelarse contra la apertura total del comercio agrícola, establecida en el TLCAN, es un asunto menor.
En excusa de su conciencia, don Felipe asumiría que al fin y al cabo no es su problema, que hace 15 años el mercenario Presidente de entonces, Carlos Salinas de Gortari, fue quien firmó un acuerdo desventajoso y criminal contra los intereses mexicanos y por el que México sigue y seguirá pagando las consecuencias.
Es bien claro: el acuerdo que firmaron México, Estados Unidos y Canadá, y que está en vigor desde el 1° de enero de 1994, decreta que a partir del 1° de enero de 2008 quedan libres de aranceles el comercio de maíz, fríjol, azúcar de caña y leche en polvo, entre los miembros del TLCAN.
La previsión, que tampoco es nueva, se ha dado hasta el cansancio en los siguientes términos: los campesinos mexicanos van a ir a la quiebra, pues en 14 años no se produjeron los cambios necesarios para enfrentar este reto. Más: México “no tiene una reserva estratégica de granos y alimentos básicos”.
A esto se agrega que dos grandes empresas, una estadounidense y otra mexicana, “controlan la importación y exportación” de estos productos.
Para Hechos,hace poco menos de un año, en sendas ediciones debuzos, reseñó las particularidades de este fenómeno neoliberal que a los mexicanos no les ha importado, entretenidos más en las estupideces y pendejadas que les da la prensa escrita y electrónica… si es que a la última se le puede llamar prensa.
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