El elefante de 2008
Mario A. Campos

No pienses en en elefante. Ése es el título del libro y el desafío que lanza George Lakoff en un texto sobre lenguaje y debate político editado por la Universidad Complutense de Madrid. En el libro, que es un recopilado de diversas conferencias  de este célebre lingüista estadounidense, el autor explica con claridad la imposibilidad de cumplir su instrucción: no pienses en un elefante, pues la sola mención del animal provoca que el oyente se lo imagine.

El ejemplo resulta útil para plantear la importancia de los marcos de pensamiento y el papel del lenguaje. Como han señalado otros analistas, quien define el marco de pensamiento ya tiene ventaja en la batalla. Veamos algunos ejemplos. Cuando en el contexto del debate sobre la reforma energética se pregunta al público sobre la pertinencia de privatizar a Pemex,  se está haciendo uso de una serie de marcos arraigados en la mente de los públicos, que inducen la respuesta en un sentido concreto.

Privatizar, para muchos mexicanos, tiene una connotación negativa asociada a una serie de políticas de gobiernos que vivieron su punto de mayor influencia durante los últimos tres sexenios de gobiernos priístas. Si a esa idea se suma además la carga que trae consigo el nombre de la paraestatal, resulta claro que la supuesta consulta arrojaría un saldo importante en contra de la propuesta.

En contraste, si alguien preguntara sobre la posibilidad de permitir alianzas a Pemex para rescatar a la empresa de sus problemas financieros, es probable que más de uno dijera que sí. En este caso la palabra rescate trae consigo una carga positiva. Término que acompañado del concepto de alianza pudiera obtener un resultado favorable para el promotor de la idea.

Estos ejemplos tienen como propósito demostrar que cada término suele traer consigo una historia de reacciones favorables, negativas o neutras, y que un conjunto de términos permite encuadrar un problema de cierta manera. El solo hecho de hablar en México de las reformas estructurales ya revela la pre-existencia de un diagnóstico que asume que algo debe ser actualizado o modernizado (otro término con una fuerte carga ideológica).

La pregunta para el año que inicia es quién definirá al elefante. Quién o quiénes serán los actores que establezcan el marco en el que se desarrollará el debate político nacional. Un par de ejemplos finales. En el libro Cómo nos venden la moto, de Noam Chomsky, el autor explica que si la guerra de Irak -como cualquier otra- se debate en los Estados Unidos bajo los términos de si se apoya o no a los soldados, la respuesta es naturalmente a favor; respaldo que decae cuando la pregunta se enfoca en la política exterior del presidente George W. Bush.

Estamos todavía en los primeros días de 2008, no obstante ya existe una agenda de temas que serán objeto de disputa.  Apenas inicie febrero volverá a estar sobre la mesa la renovación del Consejo General del IFE y la aplicación del nuevo Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales. ¿Ganarán el debate aquellos que consideran que la reforma electoral fue positiva y que hay buenas condiciones para la elección de 2009? ¿O triunfarán aquellas voces que ven la medida como un retroceso en materia democrática, una derrota para la libertad de expresión y un escenario desastroso para los próximos procesos electorales?

Mismo dilema que deberán sortear los promotores de la nueva ley de Radio y Televisión, que verán a los concesionarios defendiendo sus puntos de vista frente a quienes quieren otorgar un papel más relevante al Estado mexicano. Y la historia se repetirá una y otra vez. Ya sea por  la ley de telecomunicaciones, la reforma laboral, o el futuro del campo y la economía mexicana.

Quien defina al elefante llevará mano en esta guerra. Por lo pronto, a nosotros los ciudadanos nos toca identificar los planteamientos y las estrategias de cada actor con las que buscarán ganar nuestras mentes y corazones. Seguramente ellos ya están listos. Abramos ojos y oídos; hagamos  nuestra parte.

 

 

 

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