Altruismo, falsa solución
Mario A. Campos

Las luces navideñas empiezan ya a ser parte del paisaje. La  navidad, que cada año es anunciada con más anticipación, empieza a hacer acto de presencia; así también los llamados de fraternidad a la población para que se sume al esfuerzo filantrópico de las empresas por aliviar necesidades, penas, etc. de ciertos sectores de la población. La referencia inmediata, y sin duda más popular entre nuestra gente, es el Teletón; pero las hay de todos sabores: Televisa, además, tiene programas para donar computadoras a escuelas marginadas, trasplantes de córnea, etc. Por su parte, TV Azteca, a través de Fundación Azteca, financia operaciones médicas de distinto tipo, brinda educación, entre otros. Todos estos programas e instituciones de beneficencia funcionan con recursos provenientes de las empresas que los promueven, pero una buena parte de dichos recursos es obtenida de las donaciones de la población que, movida por las campañas de dichas empresas (con abuso de imágenes lacerantes, no sólo a la sensibilidad humana, sino también a la dignidad de quienes son presentados en ellas), deciden hacer alguna aportación económica; sin embargo, la suma de estos últimos es de tal tamaño que, a decir de los propios representantes del Teletón, sólo 20 por ciento de la recaudación total proviene de las empresas, el resto, 80 por ciento, es aportado por personas físicas.

La filantropía empresarial se ha vuelto práctica común y muy aplaudida entre la población; sin embargo, de la práctica y las críticas a este tipo de actividades ha quedado bastante claro que para las empresas es oro puro, un negocio redondo: las aportaciones no representan merma alguna a sus ganancias porque son deducibles de impuestos; la publicidad que implica toda la parafernalia del evento altruista, es mucho más efectiva que de costumbre, pues las conciencias, reblandecidas por la exposición de situaciones y personas en condiciones miserables, son más penetrables por la propaganda; y finalmente, súmese a ello la buena voluntad de la opinión pública granjeada por los empresarios. Y es que, ¿quién negaría la existencia objetiva de las necesidades que dicen cubrir con sus programas e instituciones? Nadie. Esas demandas son completamente reales. Ahora bien, ¿por este camino se solucionarán?, evidentemente no; para muestra consideremos la labor que en el plano de educación media superior hace Fundación Azteca en el Distrito Federal: ésta cuenta con un plantel de este nivel, y en el ciclo escolar 2004-2005 egresaron 479 estudiantes de bachillerato; y con los mismo resultados podríamos numerar al resto.

Alivio engañoso y mediocre es el altruismo. Sin embargo, tiene cabida en nuestra sociedad porque, a pesar de la retórica, desde hace un par de décadas el Estado mexicano ha abandonado a su suerte a la población. El desmantelamiento del cuerpo de seguridad social que los trabajadores habían conquistado y la renuncia del compromiso con las condiciones de vida de la gente, por parte del gobierno, han acrecentado los problemas de marginación; problemas de salud, educación, entre otros, son ahora más agudos, y no hay visos de preocupación en los gobiernos, parecen convalidar las migajas de los empresarios a la población, aberrantes muestras de solidaridad, que no en pocas ocasiones se convierten en transferencia de recursos, mostradas en los eventos aquí referidos, así lo confirman.

Ante las muestras de filantropía de las empresas y la clase política, sólo un pueblo ciego podría enorgullecerse de ellas; pero un pueblo educado ha de exigir que sus demandas sean digna y eficazmente atendidas.

 

 

 

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